La miniserie lleva el sello de Ryan Murphy, aunque su papel se limita a ser productor ejecutivo. Esta elección resulta adecuada, ya que permite que la recreación sea visualmente atractiva, entretenida y melodramática, pero se desarrolla en una dirección menos predecible.
Cada episodio presenta su propia lógica. La narrativa adquiere una mayor potencia en la exploración de los cinco personajes, quienes son retratados de manera alejada de los estereotipos convencionales.
Se trata de una cruda y oficialísima versión de "Carlitos". El mayor inconveniente de 'Apache', sin embargo, es que no logra salir de su zona de (dis)confort.
Se sumerge sin culpa en lo más profundo del Galician noir, como se observa en títulos como 'Fariña', 'O sabor das margaridas' y 'El desorden que dejas'. Estos thrillers impregnan la narrativa con un localismo cantábrico y una cultura tan áspera como rica.
Aunque no haya tanta sorpresa en el guion, la gracia es acceder al backstage de sus apuestas teatrales emblemáticas y cinematográficas. Para eludir los estereotipos, la propuesta elude la cronología clásica y apuesta por una estructura rizomática.
Es una pieza de ingeniería impresionante que muestra un profundo amor por su confección anacrónica. El proyecto no se apega solo al homenaje al pasado, ya que uno de sus mayores logros es una propuesta visual y cinematográfica más contemporánea.
[Crítica 3ª temporada]: El gran atractivo de la temporada es el de presentar la realidad fuera del parque. Los droides ahora se vengan de sus creadores en una ciudad de Los Ángeles futurista y angustiante.
Se destaca por un impactante corte visual y un modo de tratar el tópico que responde a las hormas de producciones como 'Ciudad de Dios' a 'Tropa de élite'.
A pesar del desafío que presenta la estructura de este tipo de narrativas, en la que se busca un equilibrio entre múltiples perspectivas y el enfoque en un tema relevante, es importante destacar que se evita caer en la grandilocuencia.
El argumento actúa casi como una justificación para que el director Stephen Frears explore la sociedad inglesa, incorporando su habitual carga de sarcasmo.