Lo más interesante es la perspectiva única de Comas, que genera una sensación casi estratégica; resulta complicado determinar si se trata de un documental o de una brillante creación ficticia.
En su entusiasmo contagioso, puede que le falte un poco de edición. Sin embargo, este pequeño defecto se ve ampliamente compensado por los aspectos positivos de la obra.
La película logra simplificar un concepto complejo de física, lo cual es admirable. Sin embargo, al final, la búsqueda de un enfoque comercial arruina la experiencia divertida que se había construido, dejando al espectador con una sensación agridulce.
Una obra que impacta tanto emocional como intelectualmente, aunque no busca provocar reacciones viscerales en su audiencia. Es una manera admirable y casi irónica de hacer cine, merecedora de reconocimiento.
Un extraño irrumpe en una casa de 500 metros, ofreciendo un inicio interesante. La película se distingue por su habilidad para asombrar con cada giro, atreviéndose a desafiar las convenciones del género.
De los tres actos, merecen casi todos los aplausos los dos primeros. En el tercero asaltan las dudas, pero a esas alturas el espectador ya no escapará fácilmente.
Enigma literario es una obra efectista y entretenida. Aunque combina múltiples géneros, su resultado, aunque discutible, ofrece una experiencia visual llamativa ideal para desconectarse de la realidad durante casi dos horas.
Seidl adopta una perspectiva fría y casi documental al retratar a dos víctimas del sistema. Aunque evita el cine de denuncia de manera acertada, su enfoque puede resultar excesivo en la deshumanización del entorno que rodea a las protagonistas.
La dirección de esta película ofrece una textura más rugosa, pero evita tener un enfoque simplista. No hay antagonistas claros, solo personajes que pueden parecer cobardes, y las víctimas tienen su propia complejidad.
Conocer a Sasha es lo más destacado de la cartelera esta semana. Lifshitz realiza una labor excepcional que seguramente agradará incluso a aquellos con un gusto más conservador.
Presenta un trasfondo valioso, pero no logra aprovechar su potencial. Carece de dinamismo y como comedia no provoca muchas risas, aunque esto no necesariamente es un inconveniente. Deja una impresión positiva.
Lo más sorprendente es que Steven Knight se enfoca más en la dirección que en su fortaleza habitual, el guión. Presenta un Londres ideal para Instagram, acompañado de actuaciones auténticas que se adaptan a cada contexto.
No es una gran superproducción, pero tiene esa apariencia. Los guiones aportan un toque de costumbrismo, matizado con muchos detalles humorísticos. La risa surge de forma natural, sin esfuerzo.
Sin concesiones, Lee crea un drama naturalista que se siente más atado a la Tierra que a lo divino. Sin embargo, la trama parece apresurada y no logra transmitir las emociones necesarias para tocar al espectador.
Blanc encarna su papel con gran habilidad, mientras que Marinescu aporta una energía que ilumina toda la película, haciendo que la historia cobre sentido por sí misma.