No es una gran superproducción, pero tiene esa apariencia. Los guiones aportan un toque de costumbrismo, matizado con muchos detalles humorísticos. La risa surge de forma natural, sin esfuerzo.
Sin concesiones, Lee crea un drama naturalista que se siente más atado a la Tierra que a lo divino. Sin embargo, la trama parece apresurada y no logra transmitir las emociones necesarias para tocar al espectador.
Blanc encarna su papel con gran habilidad, mientras que Marinescu aporta una energía que ilumina toda la película, haciendo que la historia cobre sentido por sí misma.
Mascaro logra capturar la esencia del trópico y los vientos alisios a través de su lente, aunque queda la interrogante de si esto logra mantener el interés del público.
La historia sigue patrones similares a los de «El indomable Will Hunting». Sus cualidades, que son significativas, no presentan grandes variaciones. La película está bien realizada, con interpretaciones destacadas, pero tiene un ligero toque de telefilme.
Más recomendable que los fracasos liderados por actores, la película ofrece entretenimiento, aunque no logra alcanzar la calidad de algunas de las mejores producciones animadas de los últimos diez años.
La película presenta un entretenimiento genuino, una leve crítica social y un elenco convincente. La única desventaja es que las bajas de los personajes no generarán una gran conmoción.
Benjamín Ávila muestra una gran carga emocional en su obra, lo que provoca que su enfoque cinematográfico se torne menos preciso, afectando así la claridad del mensaje que intenta transmitir.
Profundidad y belleza. El espectador que se sumerja en la asombrosa geografía chilena encontrará razones para considerar justificado el precio de la entrada. Aquellos que sigan las metáforas apreciarán aún más su sabia perspectiva sobre la vida.
Cine con muletas. Una trama algo tópica. Espinosa despliega su habilidad en los diálogos, pero el guion no consigue romper la delgada barrera de la credibilidad.
Lo que habría sido un excelente mediometraje se pierde en las casi dos horas que dura la cinta, sin que quede del todo claro por dónde se desparraman algunos minutos.
Tener a un personaje tan sinvergüenza y a la vez «querible» es una fuente inagotable de situaciones cómicas. Sin embargo, el guión rara vez logra evitar caer en lo predecible.
En cuestión de minutos, incluso el más escéptico siente un impacto emocional. El verdadero espectáculo está a punto de empezar. Aquellos que consideren que la película es melancólica se llevarán una grata sorpresa.
Pinzás se limita a ofrecer una caricatura y mezcla la tensión dramática con una falta de equilibrio. La película se siente artificial, pero los personajes logran ser más interesantes.
Frears no logró encontrar los elementos adecuados para brillar en esta nueva incursión en el cine de época. Puede que su trabajo en 'The Queen' lo haya dejado sin energía.
Cuando aparecen los títulos de crédito, es inevitable sentir una profunda emoción y una extraña sensación de bienestar, características del buen cine, que logra tocarnos incluso de maneras inesperadas.
Cuesta meterse en esta película. Sin embargo, la puesta en escena mejora conforme avanza la trama, se puede notar el esfuerzo por evitar el maniqueísmo y los personajes secundarios aportan valor. Destaca especialmente el entendimiento entre las mujeres.
El filme presenta un discurso cautivador, aunque en ciertos momentos cae en una ligera obviedad. Sin embargo, las cualidades de la película logran eclipsar los aspectos que podrían considerarse fallos.