Aceptable título. Magnien, una actriz prometedora, carece del carisma necesario. Menos perdonable es que el guión se conforme con una imagen estática de la joven en un marco insulso.
El director español, rara avis de nuestro cine, casi siempre aporta algo interesante, aunque en ocasiones su enfoque didáctico puede resultar excesivo.
Personajes bien dibujados y tres o cuatro momentos de genuina sensibilidad. Sin embargo, la mayor crítica que se puede hacer a esta película es que sus destellos de madurez no son lo que esperará gran parte de su audiencia.
Cuando la historia se enfoca en los adultos y critica mediante tópicos a la sociedad británica, la película alcanza su mejor momento y revela su gran potencial.
Juventud, divina miseria. No faltan tópicos, pero estos se combinan con un buen gusto en la puesta en escena, una escritura clara y una dirección de actores sólida. Es una propuesta honesta.
Este pan huele delicioso, sus ingredientes son de alta calidad y han sido amasados con esmero. Horneada con conocimiento, paciencia y destreza, la historia avanza sin recurrir a trucos deshonestos.
Narrada de una forma excepcional, sin adornos sensacionalistas. A Tavernier, sin embargo, le pierde la pasión. Esclarecedora película, incluso en sus ataques de ceguera.
Destaca por el trabajo colectivo y la veracidad, por su retrato de personajes profundos en cuatro trazos y por un ritmo trepidante. Da gusto ver una película tan bien rodada.
Aunque algo sea cierto, no siempre se presenta de manera convincente en la pantalla. El drama de Fahim, que presenta algunos aspectos confusos, adolece de un toque de fantasía que roza la ligereza excesiva.
El espectador se involucra con los personajes y sus deseos, sin embargo, pueden parecer excesivamente familiares. Esta es solo una hipótesis. Como consecuencia, el público no se detiene a apreciar los matices de cada uno.
Demasiados diálogos se sienten artificiales y ninguno de los personajes, a pesar de estar en lados opuestos de la ley, logra envolver al espectador en la profundidad de sus pasiones. Sin embargo, la película no es mala y en absoluto resulta aburrida.
Nostálgico capricho italiano de Pixar. La propia concepción de la cinta evoca una experiencia de vacaciones en Italia. La película deja una impresión duradera, que resulta más significativa que los pequeños detalles.
Neumann está impresionante en su papel, aportando una vitalidad que anima una película intelectual sin resultar pesada. Bille August, como director, demuestra su maestría al resaltar los matices de esta obra tan intimista.