Toma el interesante camino de pasar de puntillas sobre la personalidad psicótica del hombre. En su lugar, se erige sobre los cimientos de las buenas personas.
Agradable película francesa, una historia que se disfruta por sus matices y su aroma particular. Está bien interpretada, no aburre en ningún momento y resulta inteligente.
La puesta en escena es sencilla y los intérpretes ofrecen actuaciones convincentes y profundas. La cámara, con movimientos elegantes, se enfoca en los ojos y el corazón de los personajes.
Guión muy fino. La historia es en apariencia sencilla, pero está llena de giros inesperados y presenta a los personajes justos. Además, incluye dosis de intriga que mantienen el interés.
Como retrato de la esclavizada vida del estudiante «de élite» y de crítica a un sistema insano, la película logra su propósito, pero cojea en la estructura. Expuestos los hechos, falta algún conflicto que haga avanzar la narrativa.
La dirección es excelente, destacando a actores que, sorprendentemente, no son profesionales. Se nota una cuidada colocación de la cámara que evita distracciones. Hay que disfrutar de lo mejor de Clint.
Es precisamente la cara terrorífica de la obra la que presenta grietas y protuberancias. Cada guionista parece tirar del carro en direcciones opuestas, pero juntos logran un acabado ejemplar.
El cineasta reafirma su independencia y otorga un gran peso a sus actores, quienes, sin embargo, parecen tres extraños sin química. A pesar de esto, se percibe que han sido dirigidos por un maestro en la creación de estados de ánimo.
El punto de partida es apasionante. La película se presenta como un poema visual. Sin embargo, como suele suceder con la poesía, es complicado que logre conmover a un amplio público.
Alguno podría sentirse asustado en los primeros minutos, pero a medida que los jóvenes cineastas se echan al monte y comienzan a escalar sin miedo, los personajes crecen y se vuelven más «queribles».
Chata desde el punto de vista de la dirección, la película acierta sin embargo en su pegada emocional (...) una película de actrices y de mujeres, en el mejor sentido de la expresión
Solomonoff muestra un gran sentido estético y una cuidada escritura a través de la cámara, dirigiendo a los jóvenes actores de manera excepcional. Sin embargo, su prudencia, quizás excesiva, genera una sensación de distancia en la película, lo que le resta profundidad.
Sólo cuando China Zorrilla aparece, la vida se suspende de verdad y ni la estructura ni el guión importan tanto como el talento que traspasa la pantalla.
Una historia de terror única. El director desconcierta con su mirada poderosa, que evoca a los clásicos sin parecerse a ninguno. Es fascinante, aunque para muchos espectadores será una experiencia frustrante.