Es para los más chicos porque tiene una ternura que a niños un poco más grandes no parece interesarles. Se pasa un buen momento, eso sí, y se recupera de paso un personaje entrañable.
El truco está más que claro, los sustos son más que previsibles y ni siquiera tiene el sentido de humor de burlarse de sí misma. Tres pecados imperdonables en el cine de terror.
Eastwood presenta una película que aborda la temática de los nuevos héroes, el cine contemporáneo y la realidad actual. Lo hace desde una perspectiva humanista y fresca, lo cual se siente como una verdadera innovación.
Como película de aventuras, sigue demasiado el esquema convencional, y en su faceta religiosa, donde intenta captar un mercado en crecimiento, no alcanza la calidad de La resurrección de Cristo. Además, la presencia de Morgan Freeman con trenzas no aporta nada significativo.
Una película modesta en comparación con la magnitud de su historia, que a veces incurre en el didactismo. Aunque se presenta como una correcta reconstrucción de época con un estilo muy británico, logra evitar los adornos característicos de su género, que en este caso habrían resultado fuera de lugar.
Es una visión romántica que se alinea con las inquietudes de la carrera de Allen, quien inyecta gags y viñetas que logran funcionar efectivamente. Storaro ilumina todo Hollywood con una luz tan notable como los personajes.
La historia es pura locura y para acentuar esa idea, la película está armada como un collage de situaciones y gags. Casi todos funcionan. Y además está la fotografía de Roger Deakins que sabe aprovechar todo.
Se trata de mostrar la atemorizante banalidad del poder y de cómo un borrachín expulsado de las mejores universidades, pudo ordenarse y, por un rato, tener al mundo para él.
Cooper sabe cómo resaltar el talento de sus actores y proporcionar el escenario adecuado. Junto a sus libretistas, Mark Mallouk y Jez Butterworth, logra crear una obra que conoce, respeta y eleva un género que ha dado lugar a grandes películas. Esta sin duda es una de ellas.
Los sustos son abundantes, no solo por buscar el impacto, sino por crear una atmósfera opresiva donde prevalecen la culpa religiosa, el temor hacia lo sobrenatural y la lucha por la supervivencia de una familia. Sin duda, estamos ante una gran película.
Está más cerca de una innecesaria pérdida de tiempo para los actores, una directora y un público que, con esos nombres, estaba en su derecho de reclamar algo mucho mejor.
El problema es que la película no se decide por nada. Amaga con ser una romántica pero no lo es, tampoco es un drama y los personajes son trazados de una manera tosca complicando la empatía.
Todo está tan bien empaquetado, las historias son tan concretas y los hermanos Coen tan notables, que, aunque no haya llegado al cine, volvieron a hacer una de las buenas películas del año.