Nora el Hourch dirige su narrativa con una dulzura planificada y una puesta en escena que parece ligera; sin embargo, no esquiva los instantes en los que la tensión de la historia explota en violencia.
La película va más allá de los clichés típicos del coming of age y se enfoca en la dimensión poética del relato, utilizando imágenes que evocan la fuerza del mar justo antes de una tormenta.
Mora apuesta por una escritura metafórica y envuelve a sus personajes en un halo de ensoñación. En sus caminatas silenciosas, la cámara acentúa con un buen pulso emocional la belleza lírica de las situaciones.
Un intenso puzle narrativo que va recogiendo piezas de las complejas vidas de sus protagonistas con una narrativa impulsiva y certera. Un filme tan ortodoxo en sus formas como apasionante.
Se presenta con un enfoque casi literario que solo genera verdadero interés cuando se centra en las características psicológicas de su protagonista. La fotografía es, sin duda, su mejor legado.
Una puesta en escena completamente plana, destacada por una planificación que se restringe a ilustrar la historia de una manera casi teatral, sin ninguna intención.
[Davies] construye una narración maestra, una obra llena de hallazgos formales y deliciosamente sutil, con una intensa profundidad en las cuestiones que aborda.
Todo está contado en un tono tan suave, sin mostrar las heridas de la guerra, que la parte de la denuncia y del antibelicismo queda perdida entre las brumas de una fábula demasiado infantil.
Entre el relato judicial y la crónica íntima, Amelio presenta una narrativa en contra de la homofobia y la intolerancia, cuyos ecos resuenan en la actualidad. Un filme de estilo clásico.
Admite una primera lectura como (muy valioso) testimonio histórico, pero que también se nutre de los elementos de tensión propios de un thriller generando un formato híbrido realmente novedoso desde la óptica narrativa.
Obra con vocación coral, donde destacan las interpretaciones de su reparto, que podía haber resultado mucho más interesante si se hubiera mostrado menos complaciente a nivel narrativo.
Un valioso ejemplo de cine político, realizado con un fuerte compromiso hacia la realidad y sus protagonistas. Su valor como documento histórico compensa la falta de ritmo en la narración.
La película pierde fuerza al intentar convertirse en una reflexión profunda sobre los turbulentos años del thatcherismo. Sin embargo, destaca como un ejercicio melancólico que rinde homenaje a la magia de las salas de cine.
Una película de tesis que, a nivel cinematográfico, resulta superficial en su retrato y carece de recursos narrativos. Es evidente que todo se hace en función de justificar la tesis.