Canet navega por el género con notable maestría, sin embargo, la historia de amor que fundamenta el relato carece de la convicción y la intensidad necesarias para ser realmente efectiva.
El drama que en la primera parte seduce con su clima inquietante y ominoso termina convirtiéndose en una historia de venganza más, con un desenlace en el que se sacrifica cualquier rigor.
Lejos del nervio del policial, la obra se aleja de la intención de generar adrenalina. En cambio, ofrece una mirada clara y mordaz sobre las conductas humanas.
La comicidad es predominante en la primera parte, mientras que en el tramo final, el filme intenta ofrecer su mensaje, volviéndose más discursivo y moralizante.
El guión de David Benioff es solo uno de los fallos que arruinan esta frustrante remake. Los personajes se definen más por lo que dicen que por lo que hacen.
El film impacta principalmente a través de su poderoso uso del lenguaje y la opulencia visual. La ambientación y el vestuario son elementos clave que enriquecen la experiencia, aunque su ritmo narrativo podría no ser tan efectivo.
Los chistes son escasos y las situaciones cómicas, aunque presentes, son pocas. En términos generales, el desarrollo es bastante predecible y carece de creatividad.
En las road movies, el foco no está tanto en los eventos que enfrentan los protagonistas en su trayecto, sino en la evolución de su relación, que se refleja a través de las pequeñas acciones y comportamientos de ambos.
Bienvenidos a la comedia policial, un género que entre nosotros no ha sido tan frecuentado como merecería. 'Vino para robar' resulta un pasatiempo gracioso y encantador.
Algún humor involuntario y una notable exhibición de musculosos torsos masculinos no logran compensar las largas dos horas del filme, que se sienten –en exceso– cargadas de diálogo.