El luminoso film de Kiarostami, en el que destaca la actuación sobresaliente de Binoche, posee una esencia única y ofrece una amplia gama de significados y bellezas que cada espectador podrá apreciar.
El formidable trío de actores y la austera precisión del lenguaje de Petzold son puntales de este film compacto e inquietante que excede el melodrama e invita a otras lecturas.
Miko Kuparien muestra una habilidad excepcional para capturar la sutileza del encuentro entre sus personajes, al igual que para resaltar las pequeñas diferencias que se irán revelando a lo largo de la historia.
Esta adaptación de la obra de Shakespeare presenta una impresionante puesta en escena que logra capturar la esencia y la magnificencia poética de la tragedia de manera muy elocuente.
Aquí no hay lugar para la glorificación del sacrificio ni para los héroes típicos de las películas de guerra; en este ambiente de desorden, desesperanza y destrucción moral y psicológica, todos sufren una derrota.
Donzelli logra realizar una película que, a pesar de abordar constantemente el tema de la muerte, logra infundir esperanza en el público y transmitir una sensación de confianza.
Meyers opta por una fórmula clásica y lo hace con cierta habilidad, centrándose más en el carisma de los actores que en la sutileza de un guión que ha sido objeto de muchas críticas.
El film se destaca por su música de Emilie Simon, que aunque emocional, no recurre al exceso. Su encanto radica en su tono cálido y ligero, así como en la autenticidad que transmiten sus intérpretes.
Brizzi logra destacar en la comedia más que en el aspecto emocional. Aunque su película no se convertirá en un clásico, ofrece un par de horas de entretenimiento.
Existen algunas debilidades e inconsistencias, así como ciertas soluciones algo forzadas, especialmente en el cierre. Sin embargo, el compromiso y carisma de los dos actores principales logran que esta historia emotiva capte el interés del público.