Si bien 'La venganza de Salazar' no ofrece mucho en términos de originalidad, asegura un buen rato de entretenimiento gracias a su guión aceptable, la inconfundible gracia de Jack Sparrow (interpretado por Johnny Depp) y un formidable antagonista, magistralmente interpretado por el experto en villanos Javier Bardem.
El mismo número ya nos indica que es inútil esperar innovación en este caso. Lo que realmente se debe buscar es entretenimiento y la eficacia para causar miedo, algo que se consigue solo parcialmente.
La película es sencilla, pero entretenida. Los chistes en esta aventura son, en su mayoría, bastante tontos. Sin embargo, esto no impide que varios gags sean efectivos y que la cinta logre su objetivo principal de mantener al público entretenido.
La historia de Juan Carlos Copes y María Nieves Rego, que abarcó más de cuarenta años, posee elementos cinematográficos y realmente merecía un documental que le rindiera homenaje. La cámara logra captar la esencia del baile, ese sentimiento que Copes y Nieves llevaron a su máxima expresión.
Sororidad y empoderamiento de trazo grueso. No hay que perder de vista que esta es una comedia de acción. Y, como tal, se supone que sus objetivos primarios son divertir y entretener. Pero no cumple ninguno de los dos.
Los seguidores de la serie que tuvo ocho exitosas temporadas entre 2004 y 2011 en televisión seguramente quedarán satisfechos con este salto a la pantalla grande. Los demás, probablemente no.
Fracasa aquel intento literario de darles cierta corporeidad a los personajes: todos están tan poco desarrollados que la trama termina resultando una sucesión de tiros, piñas y patadas sin mayor interés.
Con constantes diálogos explicativos, la película mantiene un tono didáctico que ayuda a que no nos perdamos en los pasillos de las instituciones norteamericanas, facilitando así la transmisión de su mensaje propagandístico sin interferencias.
Construida con gestos, miradas y silencios antes que proclamas, la opera prima de Martín Rodríguez Redondo conmueve más allá de que su protagonista haya aparecido en los diarios alguna vez.
La película incluye algunos guiños a íconos del género, como 'Scream', y presenta chistes relacionados con la música de los años 80. Sin embargo, el resto es lo habitual: persecuciones, gritos y abundantes escenas de sangre que carecen de sentido.
Fallan los protagonistas: ni Nanjiani ni Zoe Kazan, y mucho menos Ray Romano o la exagerada Holly Hunter, logran ser lo suficientemente graciosos o entrañables para que 'The Big Sick' evite despertar solo una leve mueca de simpatía.
Con eficacia, la película describe la voracidad de una sociedad ávida de ídolos, enferma de patrioterismo y capaz de convertir absolutamente cualquier cosa en mercancía.
En estas historias, al intentar mostrar los acontecimientos con rigor, se corre el riesgo de perder la profundidad de los personajes. Garenq logra evitar esto en este caso. Sin embargo, tal vez un contrapeso podría haber enriquecido el relato con algunos matices.
El principal desafío de la película radica en sus aspectos técnicos, que complican la comprensión. Sin embargo, la calidad técnica logra mitigar en cierta medida estos problemas narrativos. Además, es un punto a favor que el heroísmo no esté tan sobreactuado como suele ocurrir en este tipo de producciones.
Lo que salva a esta película de convertirse en una historia más de superación típica de Hollywood es su característico sentido del humor británico. Los clichés épicos, aunque presentes, no logran empañar este interesante recorrido por el mundo de la lucha.