La película incluye algunos guiños a íconos del género, como 'Scream', y presenta chistes relacionados con la música de los años 80. Sin embargo, el resto es lo habitual: persecuciones, gritos y abundantes escenas de sangre que carecen de sentido.
Fallan los protagonistas: ni Nanjiani ni Zoe Kazan, y mucho menos Ray Romano o la exagerada Holly Hunter, logran ser lo suficientemente graciosos o entrañables para que 'The Big Sick' evite despertar solo una leve mueca de simpatía.
Con eficacia, la película describe la voracidad de una sociedad ávida de ídolos, enferma de patrioterismo y capaz de convertir absolutamente cualquier cosa en mercancía.
El principal desafío de la película radica en sus aspectos técnicos, que complican la comprensión. Sin embargo, la calidad técnica logra mitigar en cierta medida estos problemas narrativos. Además, es un punto a favor que el heroísmo no esté tan sobreactuado como suele ocurrir en este tipo de producciones.
Lo que salva a esta película de convertirse en una historia más de superación típica de Hollywood es su característico sentido del humor británico. Los clichés épicos, aunque presentes, no logran empañar este interesante recorrido por el mundo de la lucha.
Este prodigio de la animación podría ser solo una curiosidad o un producto exclusivo para los aficionados a la pintura si no estuviera respaldado por un guión sólido. Este aspecto permite que la película se mantenga por sí misma.
Con maestría, el británico Terence Davies retrata a la gran poeta estadounidense. En cada plano, Davies demuestra toda su pericia visual: las tomas parecen cuadros de algún gran maestro holandés. También, una gran destreza en la dirección de actores.
Es un documental de especial interés para gente de cine, porque más que ahondar en la biografía del director, profundiza -quizá demasiado- en detalles técnicos de sus rodajes.
He aquí una producción de presupuesto limitado, pero utilizada al máximo. La gran virtud de la película radica en que, aunque no es excesivamente original, resulta más sugestiva que explícita.
Tiene por lo menos dos fortalezas. Por un lado, el elenco: difícil encontrar mejores intérpretes que Jack Black y Cate Blanchett para esa pareja dispareja de magos. (...) Por otro, la imaginería visual.
A río revuelto, pérdida de terror. Mientras tratamos de descifrar el intríngulis y le buscamos cierta lógica a lo que está pasando, nos olvidamos de lo fundamental: sentir miedo.
El principal defecto de la película es que falta acción y sobran diálogos: hay permanentes explicaciones verbales sobre lo que está ocurriendo, algo que quita ritmo y agrega confusión.
Tiene en el elenco y en algunos gags los motivos para ser una buena película. Un respetuoso homenaje al género, una apelación a la nostalgia y a códigos conocidos, que por momentos emociona y en otros desprende cierto tufillo a moho.