Este prodigio de la animación podría ser solo una curiosidad o un producto exclusivo para los aficionados a la pintura si no estuviera respaldado por un guión sólido. Este aspecto permite que la película se mantenga por sí misma.
El ritmo de la narración, el grano de la imagen, las pinturas y dibujos que se presentan, todo esto es esencial para convertir este enfoque sobre David Lynch en una experiencia cautivadora.
Con maestría, el británico Terence Davies retrata a la gran poeta estadounidense. En cada plano, Davies demuestra toda su pericia visual: las tomas parecen cuadros de algún gran maestro holandés. También, una gran destreza en la dirección de actores.
Es un documental de especial interés para gente de cine, porque más que ahondar en la biografía del director, profundiza -quizá demasiado- en detalles técnicos de sus rodajes.
Puede ser tan fascinante para estudiantes de marketing como tedioso para el resto de los mortales. Es la fábula del ascenso de una self made woman, un canto a los emprendedores, con una heroína idealizada y una moraleja explícita.
He aquí una producción de presupuesto limitado, pero utilizada al máximo. La gran virtud de la película radica en que, aunque no es excesivamente original, resulta más sugestiva que explícita.
Tiene por lo menos dos fortalezas. Por un lado, el elenco: difícil encontrar mejores intérpretes que Jack Black y Cate Blanchett para esa pareja dispareja de magos. (...) Por otro, la imaginería visual.
A río revuelto, pérdida de terror. Mientras tratamos de descifrar el intríngulis y le buscamos cierta lógica a lo que está pasando, nos olvidamos de lo fundamental: sentir miedo.
El principal defecto de la película es que falta acción y sobran diálogos: hay permanentes explicaciones verbales sobre lo que está ocurriendo, algo que quita ritmo y agrega confusión.
Tiene en el elenco y en algunos gags los motivos para ser una buena película. Un respetuoso homenaje al género, una apelación a la nostalgia y a códigos conocidos, que por momentos emociona y en otros desprende cierto tufillo a moho.
Si nos pusiéramos políticamente correctos, también podríamos señalar que quizá los apremios ilegales no sean algo tan divertido como la película sugiere.
El guión presenta varios lugares comunes. Sin embargo, eso no es lo más crítico. Se suele argumentar que al mostrar menos al monstruo o entidad malévola, se aumenta la capacidad de asustar. A pesar de ello, la película no logra transmitir realmente el miedo esperado.
Un homenaje al gótico de los años dorados de Hollywood y de la Hammer Films inglesa. Ahí está el secreto del gran placer que produce, ya que nos transporta a aquella etapa de la industria mediante una refinada ingeniería visual.