Una instantánea impresionista y muy moderna de la bohemia neoyorkina, con escenas unidas no por una línea dramática, sino por el lugar, la época y la atmósfera.
Toda la película - erótica, bonita, impresionante - demuestra tal imaginación y seguridad que se mantiene, 60 años después de haberse hecho, completamente moderna.
Tierna, original y a miles de kilómetros de sus thrillers convencionales de 'polis duros', es el tipo de película que sólo Eastwood podría y debería hacer.
Oscura, perturbadora y lenta; tan cerrada, absurda y reiterativa como la obra original de Ballard. Sin embargo, resulta notablemente fiel a los principios del director y fue realizada con gran maestría.
El reparto es excepcional, destacando especialmente a Thewlis, cuya impresionante actuación aporta al filme una energía cruel, ingenio y una sólida fuerza.
Es evidente desde el montaje inicial que estamos ante la obra de un verdadero maestro. La calidad y la destreza en la dirección se hacen palpables en cada escena, lo que convierte esta película en una experiencia descomunal.
Un notable sentido del estilo se refleja en la extraordinaria fotografía de James Wong Howe, así como en la impactante interpretación de Carol Borland en el papel de vampira.