El filme destaca por varias razones. En todas hay juego autorreferencial. El chiste está en dejar el comic-fan de lado, para dejarse llevar por una historia que fluye bien. Porque su director nunca ha pretendido otra cosa que el cine y la edición de la más pura evasión.
Es una aguda, suave, irónica y juguetona mirada a la crisis personal y creativa pero su neurosis como relato la convierten en una historia agridulce y cáustica.
La película es una grandiosa y entretenida ficción, tan evasiva e impactante que afortunadamente evita cualquier atisbo de realidad. Esto es lo de menos; estamos ante el abrumador espectáculo del mundo del entretenimiento.
Es un melodrama de remembranza sólido y discreto con pretensiones de tema político, donde resulta medio sospechoso por las licencias que se toma. En todo caso comprueba cómo Hollywood reconstruye la historia a partir del ascenso de lo pop.
Anderson construye una tensión melodramática a través de silencios, lo que resulta ser un acierto notable. En muchas ocasiones, en el cine, menos es más.
Más allá de sus aciertos narrativos, es la aprehensión del discurso liberal en Hollywood, la paranoia norteamericana en pleno y que se da sus exquisiteces con aire narrativo a lo Hitchcock.
Es una película encantadora, realmente hermosa y que no tiene otras pretensiones. Se trata de un filme que compite con dignidad por el Oscar y se atreve a incluir ciertas audacias humorísticas. No más, pero tampoco menos.
No tiene desperdicio la aleccionadora historia de género y racial. Pero en el relato se percibe también una conveniencia narrativa que no rompe con las formas más hollywoodenses. Su fortaleza para el premio Oscar es el discurso y la forma, pero no la hace para nada un mal filme.
Pasa con algo más que dignidad y decoro. Podría ser el respeto al ritmo narrativo de la idea original, pero hay algo más: un respeto al público. Contrario a la moda desechable actual, el filme asusta por mérito propio.
La actual 'La sociedad de la nieve', tiene momentos sobrecogedores, la música de Michael Giacchino contribuye a los mejores instantes poéticos del relato junto con la fotografía de Pedro Luque.
Un filme con villanas que no son tan malvadas, personajes torpes que no resultan tan tontos y perros que, aunque no sean tan adorables, tienen su encanto.
Resulta sobria y discreta en cuanto a la sangre que el tema promete. Es en todo caso una fábula cínica sobre la banalidad y los personajes que la representan y se dejan seducir.
El problema con el filme es que se nota una falta de esfuerzo en su desarrollo. Muestra indecisión respecto a la meta y presenta entregas que resultan innecesarias dentro de su universo.
Hay una sutil comedia cáustica que casi navega por el humor negro, esta parte ayuda a que el relato cinematográfico fluya de manera entretenida y amable.
'Roma', es el costumbrismo como eje del relato para tocar puntos históricos y culminantes de períodos importantes en la historia de México. La construcción de lo cotidiano, universal y legítimo y por eso arte.