En 'Julieta', el director manchego, en su intento por ser fiel a su estilo, sacrifica tanto la estructura como, lo que es más preocupante, la congruencia y la legitimidad de la narración.
Resulta entretenido si uno no se toma demasiado en serio la forma en cómo se presentan los hechos. La realidad es que va más dirigida a los nostálgicos de la Tv ochentera que a quien busca legitimidad discursiva.
Le apuesta a una visión estética y de épica narrativa sobre hechos que de algún modo marcaron a la generación de niños y jóvenes ochenteros pero desde la culturización cinematográfica.
Con diálogos que funcionan en ocasiones como un esgrima verbal, incluso con un toque teatral, la película mantiene siempre un tono social sin perder el rumbo. Michel Grau, por su parte, dirige a sus actores de manera eficaz, evitando que sobrepasen los límites en sus interpretaciones.
La sutil pero firme mano de Larraín entrega un cuento de hadas tétrico con elfos, brujas y ningún príncipe. Es el Hola, revestido de sadismo y exclusión.
Es la destreza técnica de las diferentes disciplinas del cine al servicio de una trama inteligente a secas, pero que se ve muy bien adornada y hasta profunda para el espectador promedio.
'The Batman' es una película que cumple con su objetivo. Aunque se siente excesivamente depurada en términos de corrección cinematográfica, ofrece una trama inteligente. Sin embargo, en ciertos momentos, se echan de menos las sorpresas emocionantes.
La película revela demasiado sobre la naturaleza de la maldad. Aunque presenta algunos momentos y diálogos valiosos, llega un punto en el que los bostezos se vuelven inevitables. La excesiva explicación que acompaña a la trama acaba por arruinar cualquier posible momento culminante.
Como ciencia ficción es forzada y como filme familiar resulta frío. Es la película favorita de Andy, lo explican al principio –concedamos que es buena idea de la historia dentro de la historia-, pero como crítico, el niño deja mucho que desear.
Reúne la dosis justa de drama, acción, algo de humor y satisface las expectativas del enorme público convencido de antemano. La película no confronta al espectador promedio, de hecho, le da gusto en todo momento.
Una entrega que no queda a deberles nada a los fans, casi seguidores religiosos se este fenómeno y el público que solo busca dos horas de entretenimiento. Pero en ambos casos, si se es mayor de 25, la remembranza está presente y es eje central del fenómeno.
Hay un asunto que vale la pena destacar: no ser un filme animado, a pesar de la recreación de varios personajes, directos de la versión Disney, dota de matices melodramáticos a la historia.
Se salva del naufragio gracias a que navega en mares seguros. No arriesga pero sí gana en su narrativa. Es un ensamblaje de varias películas, una receta probada y segura.
Como nunca, en plena era pre Trump, Eastwood resucita el cine que cuenta la hazaña del hombre común estadunidense, que navega con bandera de reivindicación liberal, pero que se diluye al primer análisis.
El filme busca imitar la fórmula del cine hollywoodense en su ritmo y estilo, pero lo hace de manera poco original. No logra destacar en ningún aspecto y carece de un enfoque propio. Ni siquiera resulta interesante como curiosidad.
No es que sea una mala película, el punto radica en que el musical es mala idea para trasladarlo al lenguaje cinematográfico. En general, con algunos buenos números, es un desastre discreto.