La película presenta muchos de los aspectos positivos que suelen estar presentes en una biografía cinematográfica, pero también padece de casi todos los aspectos negativos propios del género, lo cual se ve acentuado por un guion que resulta especialmente torpe.
Montada con maestría, la película potencia todo el efecto emotivo posible en escenas como el reencuentro con Jerry Lewis o la posible búsqueda del “Rosebud” del protagonista.
Puede parecer un mero documental pedagógico y una oportunidad compacta de curiosear en la obra de la directora, o de rememorar grandes películas, lo cual, tratándose de una autora de tal magnitud, es de por sí muy importante. Pero es mucho más que eso.
Ese relato aparece sustanciado con una cantidad impresionante de material visual. Cuando lo escuchamos tocar y escuchamos sus creaciones y arreglos, es imposible no amarlo.
Aparte de reírnos y asombrarnos con Keaton, podemos observar el notable timing cómico-estético de Bogdanovich para montar los fragmentos de películas para ilustrar tal o cual aspecto.
Está muy bien hecha, y cualquiera que lleve el tango en el alma o que tenga algún vínculo afectivo con la cultura porteña de la primera mitad del siglo XX, o cierta curiosidad sobre ella, se va a sentir tocado; ni qué hablar para los fans específicos de Merello.
En los primeros 20 minutos se caracterizan con cierta nitidez una buena veintena de personajes, y hasta el final estaremos descubriendo detalles sobre su psicología y sobre su pasado, hasta componer un cuadro singularmente complejo y ambiguo.
A lo largo del film se intentaron diálogos “ingeniosos y fuertes” que, en verdad, son pobrísimos. Sin embargo, hay muy buenos momentos de acción. Especialmente en el inicio.
La película es un complejo entramado de relaciones, donde las estructuras aparentan ser una cosa y luego se desmoronan, solo para reconfigurarse de manera inesperada con otros elementos. Resulta ser una auténtica fiesta para los sentidos.
La subnarración en voz en off se presenta como un relato casi autosuficiente, lo que no significa que la película sea simplemente un cuento oral acompañado de imágenes. La tensión entre la narrativa oral y la representación visual es crucial.
Son notables y admirables la atención, el cuidado, el cariño, la fineza y el talento con que tantos aspectos de la cultura y la sociedad mexicanas fueron encarados en esta película.