Disfrutable y olvidable, la nueva entrega de 'X-Men' cumple lo que promete en materia de aventura y entretenimiento. La mesa está servida para los seguidores de la rendidora saga.
[Anderson] logra un destacado crescendo dramático que se desarrolla a través de desvíos y fluctuaciones en la narrativa. Refleja la esencia de una novela policial, más allá de su autor: nada es lo que parece, y siempre se trata de un nuevo comienzo.
Todo es leve, simpático con reservas, pueril en su concreción. Por momentos, da la impresión de que la película atrasa más de medio siglo, no sólo desde su pensamiento ideológico, sino también desde la forma en que está concebida.
Asia apela a un hiperrealismo desaforado en determinadas situaciones de insoportable tensión y en una eufórica marcación actoral, la realizadora emplea algunos recursos visuales que no tardan en plasmar ideas auténticamente cinematográficas.
La potencia visual y narrativa de 'El lobo de Wall Street' lo trae en su mejor forma, con una película políticamente incorrecta, donde despliega todo su talento en versión desbordada, orgíastica, a tono con la vida de su personaje.
La película permite que se desarrolle una tensión a través de silencios y ambigüedades. En este juego de sospechas, Petzold captura el extrañamiento y la incertidumbre, realzados por la destacada actuación de Nina Hoss.
Mujer lobo invade al género desde los márgenes, propiciando una relectura sobre el terror que no oculta su toque fashion. En ese punto están sus ostensibles virtudes, pero también, sus visibles defectos.
Nada nuevo aporta Nadie vive, salvo el cambio de perspectiva en la narración. Hay mucha sangre, tal vez en exceso, y poco cine en su desarrollo. O casi nada.
La plegaria del vidente se caracteriza por su efectismo extremo, evocando el estilo de los thrillers de los años 80. La película presenta un montaje áspero, donde la brutalidad de los asesinatos es evidente, mostrando una abundante cantidad de sangre, cuerpos desmembrados y un cuidadoso trabajo de posproducción.
El pozo, más allá de sus intenciones, sustenta su narración en clichés y escenas impactantes que buscan generar una emoción inmediata, aunque a menudo caen en un didactismo excesivo relacionado con lo médico y lo familiar. Se siente cerca de la verdad absoluta, pero distante del verdadero lenguaje cinematográfico.