Película de historia épica y cuento de hadas que no aporta nada innovador a los aficionados del género. Carece de originalidad, ya que incluye brujos, vampiros y hechiceros sin ofrecer una nueva perspectiva.
No es un film bochornoso gracias a los esfuerzos de Loreti y Forte tras las cámaras, pero se siente como un Frankenstein lleno de parches, donde son evidentes las costuras de una criatura híbrida elaborada en un laboratorio con recursos limitados y conceptos de escasa profundidad.
El director esquiva los lugares comunes con destreza, enfocándose en la profunda emoción que transmiten las imágenes finales, sin recurrir a golpes bajos. Es una ópera prima valiosa gracias a sus limitadas pretensiones.
La nueva 'Poltergeist' profundiza los momentos erráticos y sin interés del original, haciendo descansar la trama en una serie de golpes de efecto que no deberían asustar a nadie.
Cuando finaliza 'El rostro', la sensación es a la vez extraña y placentera: el río y la selva, como metáforas, se transforman en un concepto infinito, dejando el deseo de que la película continúe sin interrupción.
En manos de Resnais, las convenciones narrativas, aún pautadas por la levedad que enmascara el tema de la película, pronto se destruyen para que el film no se transforme en otra esquemática historia de amor.
Una película de auténtica independencia, sin fórmulas y teñidas de una violencia que rememora al cine periférico norteamericano. Un gran logro de Jeremy Saulnier.
Es una película de climas, de planos extensos que no necesitan del movimiento frenético de la cámara, donde el tiempo parece suspenderse por los hábitos de una familia nada normal.
Una historia que se siente familiar, evocando la obra de Hitchcock en 'La soga', aunque no resulta del todo erróneo. Sin embargo, el maestro inglés también creó algunas películas que son consideradas menores.
Vale la pena, seguir conociendo las noticias sobre el tema, en una actualidad en permanente movimiento, como la misma historia que narra 'El vals de los inútiles', documental ficción (o viceversa) surgido del azar, a pura garra política y cinematográfica.
Acaso poco original por su oposición entre mayores y menores, pero bastante auténtica y genuina en la descripción de una etapa determinada de las vidas de cinco chicos que, por suerte, poca relación tienen con algunas criaturas de edades parecidas de la televisión local.
Escuela normal invita a la observación del detalle y a los primeros planos de los alumnos, quienes reflejan sorpresa y resignación. La serie juega con el ocultamiento de información antes de resaltar los elementos de su mensaje político y social.
La quinta entrega de esta saga que parodia las películas de terror carece de un argumento sólido y resulta difícil de seguir debido a la falta de un guion claro.