Lejos de ser un gran film, pero también distante del bronce y de la emoción superficial, se presenta una obra nostálgica sobre un creador que, lamentablemente, hoy ha caído en el olvido.
El juego de encuadres, el discurso directo y el movimiento de imágenes reflejan el potencial de un film inteligente que centra su atención en la vida militante del ex presidente.
Aun con sus escenas atractivas, son apenas algunos millones invertidos por la estrella donde lo exterior (rubros técnicos, sofisticación visual) se impone a la narración, plagada de momentos soporíferos y de una letanía casi insoportable.
Una película reflexiva contada desde el punto de vista y la voz de su personaje, bien lejos del póster y de las remeras desteñidas de los adolescentes o ya no tanto.
Un ejemplo acabado de "film de calidad", tan apolillado y discretamente correcto en cada uno de los pasajes de la cansina cinta dirigida por el veterano René Féret.
El film de Juárez se apoya en una estética televisiva caracterizada por planos medios y primeros planos. Sin embargo, su discurso se transmite de manera superficial, recordando más a un radioteatro que a una representación cinematográfica de los próceres.
La película tiene la rapidez de una screwball comedy, pero se adapta a los tiempos actuales. Aclara sus intenciones de no ser una comedia convencional, sino un pasatiempo con estilo, ofreciendo una historia que se distingue de las demás.
Una película amable, siniestra y reaccionaria en dosis similares: un típico ejemplo de comedia multirracial e ideológica camuflada por un falso progresismo, tan clásico y francés al mismo tiempo.
Un empate salomónico entre la original y clásica puesta en escena del director y las imposiciones actuales del mercado y, tal vez, las de un productor sólo preocupado porque en su película se acumule la mayor cantidad de cadáveres sin extremidades. En ese ambiguo lugar se ubica el film.
Película de historia épica y cuento de hadas que no aporta nada innovador a los aficionados del género. Carece de originalidad, ya que incluye brujos, vampiros y hechiceros sin ofrecer una nueva perspectiva.
No es un film bochornoso gracias a los esfuerzos de Loreti y Forte tras las cámaras, pero se siente como un Frankenstein lleno de parches, donde son evidentes las costuras de una criatura híbrida elaborada en un laboratorio con recursos limitados y conceptos de escasa profundidad.
El director esquiva los lugares comunes con destreza, enfocándose en la profunda emoción que transmiten las imágenes finales, sin recurrir a golpes bajos. Es una ópera prima valiosa gracias a sus limitadas pretensiones.
La nueva 'Poltergeist' profundiza los momentos erráticos y sin interés del original, haciendo descansar la trama en una serie de golpes de efecto que no deberían asustar a nadie.
Cuando finaliza 'El rostro', la sensación es a la vez extraña y placentera: el río y la selva, como metáforas, se transforman en un concepto infinito, dejando el deseo de que la película continúe sin interrupción.
En manos de Resnais, las convenciones narrativas, aún pautadas por la levedad que enmascara el tema de la película, pronto se destruyen para que el film no se transforme en otra esquemática historia de amor.
Un par de sustos de los pequeños debido a las decisiones de los veteranos protagonistas resultan valiosos dentro de una estructura de relato que sólo transmite un carácter híbrido y de pasatiempo sin demasiadas pretensiones.