Trapero elude la espectacularidad de la violencia, más propia del show televisivo y se centra en las consecuencias de la marginalidad, en la solidaridad y el agobio de los que eligieron trabajar para cambiar el estado de las cosas.
Despedida de soltera, preparativos para una boda, desbordes, incorrecciones y situaciones desopilantes en esta película dirigida por Paul Feig, proveniente del mundo televisivo, quien aporta el ritmo adecuado a la trama.
La película tiene las apelaciones esperables a la importancia de los vínculos familiares y la dosis de morisquetas y humor físico que aporta Carrey, elementos suficientes para que la película sea una alternativa digna de tener en cuenta en estas vacaciones de invierno.
Hijo de un Dios y una mortal, el héroe que transita su vida con esta dualidad es pintado desde su costado más humano y usando su fuerza en favor de la fragilidad del hombre.
Una película mastodóntica, que en algunos momentos resulta entretenida pero que en su ambición de abarcarlo todo, termina por ser un muestrario de buenas intenciones.
Cumple con la premisa de resucitar el terror gótico con un despliegue visual ajustado, atravesando cada uno de los tips del género y resignificándolos en el presente.
Vehículo perfecto para dar cuenta de su mirada sobre el arte, en donde inevitablemente conviven y se retro alimentan la fascinación por la fragilidad de la belleza y el pacifismo.
El film del francés Michel Hazanavicius muestra una alta dosis de cálculo que tiene como fin que el producto final sea del agrado de todo el mundo. Y está bien, al menos en este caso el consenso buscado con desesperación tiene muchos méritos artísticos y respeto por el espectador.
Cierta pereza del director, o en todo caso, la imposibilidad por ir más allá de lo que se establece en el guión no permite que la película levante demasiado vuelo.
Construye su trama desde el diseño de producción, ya que la escenografía, el vestuario y la ambientación donde se recrea un caserón abandonado se impone con creces al rutinario argumento.
Con una precisión y un distanciamiento notables del melodrama que desarrolla, el film se asienta en el eco fantástico de la inolvidable Vértigo de Alfred Hitchcock.
La interpretación de Williams logra eclipsar a los demás actores, transformándolos en meros objetos opacos cada vez que ella aparece en pantalla, al igual que sucedía con la propia Marilyn.
Tanto la línea argumental centrada en los hermanitos mafiosos como la dedicada al matrimonio sin futuro, no logran el tiempo necesario para desarrollarse plenamente, a pesar de contar con un material interesante en términos narrativos para ambas historias.