Divertida, irónica, con un final tan hermoso como simple en su resolución, de esos que llegan a las emociones de los espectadores más encallecidos, Nebraska hace bien por su cálida manera de ver el mundo.
Combina una historia con mucho de su propia experiencia para reflexionar sobre la soledad, el miedo al futuro y las sobre la soledad, con una mirada amorosa sobre sus criaturas que la alejan del golpe bajo a pesar de los temas que toca el film.
Comedia blanca que remite a un cine de hace dos décadas, melodrama lacrimógeno que recorre sin pudor todos los chichés del género, un relato fácil, superficial y de consumo rápido.
La película es una adaptación de la canadiense 'Starbuck' (2011), dirigida por el mismo Ken Scott. Esto refleja la escasez de ideas originales que actualmente afecta al género.
Más allá de que la otoñal ópera prima no depara ninguna sorpresa en cuanto a la realización, Hoffman en ningún momento pretende otra cosa que plasmar sus preocupaciones sobre la muerte y su legado artístico. Y lo logra.
El esfuerzo por eludir los inevitables estereotipos de la mirada ajena resulta a medias en un film noble que rebosa de buenas intenciones, pero que no logra su cometido.
La idea de que una enfermedad terminal puede ser el camino para encontrar el sentido a la vida no es nueva para el cine y siempre fue un buen punto de partida dramático para explorar las reacciones ante el final cercano.
El principal problema de la película es su velado conservadurismo al encuadrarse dentro del tipo de relatos que bien podrían considerarse "justicieros", esto es, aquellos que luego de mostrar las miserias del personaje.
Una comedia chata que pretende más de lo que puede dar. Un ejercicio de apropiación tramposo que ni Tchaikovski ni cualquier otro compositor, por genial que sea, pueden redimir.
La divertida crueldad de ciertos chistes, que se basan en el patetismo de cada uno de los personajes, pierde fuerza ante la necesidad de incluir el drama y la corrección política, que se convierten en el núcleo de varias historias con finales felices.
Por momentos extremadamente tonta, en otros efectiva en la sucesión de gags moderadamente incorrectos, la película no logra superar a la desopilante 'Borat', se ubica varios escalones debajo de la revulsiva 'Brüno', y de esta manera se convierte en un producto a medio camino.
El resultado es desparejo, por momentos caótico y los chispazos de humor y originalidad no alcanzan para sobrellevar cierto tono canchero y banal sobre el destino de los personajes.