'Blue Valentine: una historia de amor' es una buena película que se destaca por su honestidad, entre los films adocenados que cada semana fatigan la cartelera de estrenos.
Los diálogos secos y la atmósfera opresiva de un paisaje hermoso van marcando la violencia en progreso de un relato denso, que devela gradualmente las distintas capas de silencio, complicidad y decisiones feroces.
Lejos de cualquier tipo de glamour hollywoodense, el actor intepreta a un sicario que espera su última misión antes de retirarse, en un film donde, más que tiros y acción, el nudo dramático pasa por la introspección del protagonista.
Una película que concentra sus esfuerzos en retratar a un personaje complejo, pero ese perfil nunca termina de completarse y entonces, el relato termina siendo una acumulación de situaciones y acciones sin un hilo conductor definido.
Una suerte de divertido juego intelectual que se refuerza con un elenco extraordinario (todos están bien), con cuotas iguales de curiosidad y perversidad burguesa, asentado un un tono de sarcasmo asordinado.
Una puesta errática, con algunos aciertos pero que en general vaga sin decidirse por la comedia, el drama o lo fantástico un Adam Sandler que hace lo suyo a reglamentO.
Divertida, irónica, con un final tan hermoso como simple en su resolución, de esos que llegan a las emociones de los espectadores más encallecidos, Nebraska hace bien por su cálida manera de ver el mundo.
Combina una historia con mucho de su propia experiencia para reflexionar sobre la soledad, el miedo al futuro y las sobre la soledad, con una mirada amorosa sobre sus criaturas que la alejan del golpe bajo a pesar de los temas que toca el film.
Comedia blanca que remite a un cine de hace dos décadas, melodrama lacrimógeno que recorre sin pudor todos los chichés del género, un relato fácil, superficial y de consumo rápido.
La película es una adaptación de la canadiense 'Starbuck' (2011), dirigida por el mismo Ken Scott. Esto refleja la escasez de ideas originales que actualmente afecta al género.
Más allá de que la otoñal ópera prima no depara ninguna sorpresa en cuanto a la realización, Hoffman en ningún momento pretende otra cosa que plasmar sus preocupaciones sobre la muerte y su legado artístico. Y lo logra.
El esfuerzo por eludir los inevitables estereotipos de la mirada ajena resulta a medias en un film noble que rebosa de buenas intenciones, pero que no logra su cometido.
El principal problema de la película es su velado conservadurismo al encuadrarse dentro del tipo de relatos que bien podrían considerarse "justicieros", esto es, aquellos que luego de mostrar las miserias del personaje.