Demasiados hilos de relato en una madeja por momentos frenética, entretenida pero que inevitablemente se enreda en estilos narrativos y la ambición de dar un mensaje.
Parece mentira, pero poco hay de Woody Allen y su forma de dirigir a los actores y de su proceso creativo, más allá del común lugar de su obsesión por el guión. En ese extenso segmento, el trabajo de Weide revela una pereza de mero formulario.
Un claro e inteligente ejemplo de una mirada puesta sobre una historia particular –entretenida y con todos los elementos de una tragedia– pero que en ningún momento abandona la pretensión de contar un universo tan fascinante como desconocido.
Unos poquísimos elementos para diferenciarse de la nutrida lista de films del mismo tipo, destinados al consumo rápido y sin mayores consecuencias para el espectador. Aun cuando cuente con una memoria de elefante.
Algunas situaciones resultan demasiado familiares, y la intención de generar el efecto de escenas previamente exploradas, parece que en manos de mujeres busca provocar una sonrisa.
Una comedia triste y compleja, con sutilezas e inteligente en sus elecciones. Una joyita que llega a la cartelera en medio de prepotentes tanques millonarios sin alma.
'Blue Valentine: una historia de amor' es una buena película que se destaca por su honestidad, entre los films adocenados que cada semana fatigan la cartelera de estrenos.
Los diálogos secos y la atmósfera opresiva de un paisaje hermoso van marcando la violencia en progreso de un relato denso, que devela gradualmente las distintas capas de silencio, complicidad y decisiones feroces.
Lejos de cualquier tipo de glamour hollywoodense, el actor intepreta a un sicario que espera su última misión antes de retirarse, en un film donde, más que tiros y acción, el nudo dramático pasa por la introspección del protagonista.
Una película que concentra sus esfuerzos en retratar a un personaje complejo, pero ese perfil nunca termina de completarse y entonces, el relato termina siendo una acumulación de situaciones y acciones sin un hilo conductor definido.
Tiene un puñado de aciertos pero el principal es un elenco con grandes actores y si bien no es una gran película, tiene un factor irresistible: Hugh Grant.
Una suerte de divertido juego intelectual que se refuerza con un elenco extraordinario (todos están bien), con cuotas iguales de curiosidad y perversidad burguesa, asentado un un tono de sarcasmo asordinado.
Una puesta errática, con algunos aciertos pero que en general vaga sin decidirse por la comedia, el drama o lo fantástico un Adam Sandler que hace lo suyo a reglamentO.