Una desafiante y a veces delirante experiencia cinematográfica. La reinvención de la franquicia de Max es un triunfo que combina una imaginación desbordante, acción impresionante, humor peculiar y actuaciones destacadas en medio de un torbellino.
Es una película predecible y carente de ambición; sin embargo, su ambientación y la intrigante historia que presenta la elevan a una categoría notable.
A pesar de las sólidas actuaciones y paisajes impresionantes, la película se convierte en un melodrama excesivamente obvio que no logra profundizar en las complejidades de las relaciones.
Rompiendo los prejuicios que se tiene contra las películas artísticas con su amor sencillo por el cine, merece la pena verla incluso para aquellos que odian el cine extranjero.
Su entorno opulento contrasta a la perfección con las verdades dolorosas que se reflejan en la expresión de cada hermano. Además, Pfeiffer se revela como una presencia cautivadora que va más allá de lo visual.