Apatow se burla de su propia vida y de su entorno. Equilibra con maestría la comedia romántica y el humor vergonzoso, aunque en esta ocasión, se extiende demasiado con la duración de la película.
Kruger destaca como el elemento más sobresaliente de este nuevo thriller dirigido por el provocador turco-alemán, conocido por sus propuestas extremas y confusas, que en esta ocasión superan los límites establecidos.
La buena noticia es lo divertida que resulta la película. Cada giro inesperado y baile de Huppert sorprenden al espectador. Nunca antes Isabelle Huppert había conseguido transmitir tanto miedo.
Una de las sensaciones más dulces que deja es el deseo de haber capturado momentos de intimidad con esa abuela o abuelo. Es mucho más que La Cuarentata, es una obra bonita y relevante.
La película cumple sin reparos en su género y atrae a su público objetivo: jóvenes adultos que buscan drama. Aunque es predecible, el giro final sorprende y agrega un valor notable a la trama.
Montada de forma ágil, vibrante y casi psicodélica, esta película seguramente habría sido del agrado de Bowie y encantará a tanto a los fans casuales como a los más profundos. Es un puzle visual hipnótico que atrapa desde el primer instante.
Haynes deseaba que Lou Reed volviera a resonar entre nosotros, brindando un homenaje evidente a una banda y a una época que aprecia profundamente. La música, naturalmente, acompaña cada instante y oculta las faltas y debilidades del filme.
Cage continúa mostrando su destreza como un actor de acción, aunque la película carece de la emoción que se esperaría. Sin embargo, su desenlace es uno de los más impactantes que podemos presenciar en el cine estadounidense.
No es una comedia familiar más de las que saturan la cartelera. La directora incorpora una declaración estética definida, lo que se traduce en una producción bien elaborada y con propósito.
La trama se presenta como un juego de espejos, fusionando ficción con realidad. Explora el concepto de cine dentro del cine, reflexionando sobre el Séptimo Arte en un entorno idílico que cualquier amante del cine aspiraría a visitar: Fårö, la isla de Bergman.
Divertida y a ratos cursi, la película explora la idea del destino, el amor y la suerte desde la espiritualidad del país en el que se desarrolla, que Lelouch convierte en otro personaje.
Álex Montoya se apropia de la historia de la novela homónima de Paco Roca, abordando temas profundos y significativos. Esta adaptación es exactamente lo que la obra gráfica de Roca necesitaba.