Cage continúa mostrando su destreza como un actor de acción, aunque la película carece de la emoción que se esperaría. Sin embargo, su desenlace es uno de los más impactantes que podemos presenciar en el cine estadounidense.
No es una comedia familiar más de las que saturan la cartelera. La directora incorpora una declaración estética definida, lo que se traduce en una producción bien elaborada y con propósito.
La trama se presenta como un juego de espejos, fusionando ficción con realidad. Explora el concepto de cine dentro del cine, reflexionando sobre el Séptimo Arte en un entorno idílico que cualquier amante del cine aspiraría a visitar: Fårö, la isla de Bergman.
Divertida y a ratos cursi, la película explora la idea del destino, el amor y la suerte desde la espiritualidad del país en el que se desarrolla, que Lelouch convierte en otro personaje.
Álex Montoya se apropia de la historia de la novela homónima de Paco Roca, abordando temas profundos y significativos. Esta adaptación es exactamente lo que la obra gráfica de Roca necesitaba.
Todas las imágenes del corto, una treintena, son del propio Saura. Juntas van componiendo esta lección bélica desde la mirada de un niño. Una mirada bella y difícil de ver también desde nuestros ojos y nuestro tiempo.
Una gran idea respaldada por un impresionante elenco femenino que no ha encontrado una narrativa que esté a la altura de su talento y su deseo de transformación. Hay mucha acción, quizás en exceso.