Si un 'coming of age' tan sencillo como este se produjera hoy en día en Estados Unidos por parte de Disney o Pixar, muchos lo considerarían 'arriesgado' o 'innovador'.
Tiene un impacto devastador. Pocas películas poseen el poder de mantener al público sentado en un silencio atónito después de que empiecen a rodar los créditos finales, pero ésta es una de ellas.
Nadie, excepto Tobias Wolff, sabe cuánta licencia dramática se ha utilizado en sus memorias, pero 'This Boy's Life' tiene una resonancia auténtica. Con un buen ritmo y un montaje experto, la película logra captar la esencia de la historia.
Tiene un candor inesperado y refrescante en un océano de películas de adolescentes que a menudo resultan genéricas. Hughes creó una película sorprendentemente imperecedera.
Tras más de cuarenta años, su efecto se mantiene intacto. Al eludir la manipulación y el sentimentalismo, Truffaut no busca generar emociones falsas ni compasión fingida.
La película presenta secuencias maravillosas y evocadoras, aunque el guion se siente afectado por el melodrama de una relación romántica repleta de clichés.
Solo una película realmente buena puede envolver al espectador en la historia, forjando un vínculo inquebrantable con los personajes que no se desprende hasta los créditos finales.
Vale la pena señalar que 30 años y docenas de películas similares después, el giro final no es tan sorprendente como lo fue una vez, pero sigue siendo una conclusión eficaz.
El guion hace un buen trabajo estableciendo la dinámica de la familia Green y consigue que no dudamos de la historia. Su punto fuerte es su emotividad.
Una película de primera categoría. Todo está en su sitio: una interpretación principal impactante, secundarios sólidos, un guion bien escrito y sobre todo, una dirección experta para mezclar todos los ingredientes.