El hecho de que Cannonball Run II no sea demasiado buena no impedirá que se convierta en la mejor comedia de este verano, aunque sólo sea por la ausencia total de competencia.
Sus pensamientos sobre sus personajes no profundizan más que en un bol de sopa, pero esos pensamientos se expresan con ingenio, afecto y abundancia de fascinantes trucos de cocina.
Todo el mundo, desde los integrantes de las fraternidades hasta los 'hermanos' entusiastas del rap y aquellos a quienes la policía no permite vivir en paz, es sometido a un juicio superficial. No existe nada más allá de lo que se muestra en la superficie.
Lo que realmente sostiene la película es su enfoque lúdico y la firme creencia de que las historias de detectives son inherentemente entretenidas, sobre todo cuando el detective resulta ser tan torpe como Ned Ravine.
Es complicado que sea tan absurdo sin tener, a la vez, un atisbo de inteligencia. Wayne y Garth no logran mantener el interés de un largometraje por su cuenta.
Toda la película está justificada por los gags que funcionan, empezando por una secuencia antes del os créditos que es, posiblemente, los 6 o 7 minutos más alegremente hilarantes de metraje de cine que jamás se haya visto.
Harlin, que destacó mucho más en la dirección de 'Die Hard 2', carece de sentido del humor y aborda las absurdas escenas de acción de la película con excesiva solemnidad.
Rodriguez demuestra su talento con más claridad que nunca. La película pierde su esencia cuando la acción se torna tan horripilante y explotadora que no deja espacio para el diálogo.