Está dirigida de manera tan pulcra que carece de cualquier sensación de detalle. Pese a su buena apariencia y una ligera ostentación técnica, es un ejemplo de libro de una dirección totalmente desincronizada con su premisa.
El Sr. Frankenheimer utiliza en ciertos momentos elementos convencionales, pero también aporta detalles atractivos y curiosos que enriquecen la experiencia.
El suspense resulta débil y la evolución de los personajes es prácticamente inexistente; además, la comedia involuntaria aparece de manera inconsistente.
La únicas partes de la película que realmente funcionan son las que conciernen a Daniel y su mentor Cuando el kárate no es tratado como una excusa para una exitosa historia de alcanzar un 'sueño imposible' la película muestra calidez, empatía y un humor predecible, sus mejores activos.
Ruben muestra un profundo aprecio por la belleza cautivadora de su protagonista, aunque parece descuidar a las personas y los entornos que la acompañan.
La película destila un atractivo especial. Las ingeniosas ocurrencias de Curtis se complementan a la perfección con el estilo de comunicación de Grant.
Gracias en gran parte a Candy, que ofrece una interpretación sinceramente conmovedora en lo que podría haber sido un papel empalagoso, esta historia tiene su encanto sencillo.
Al dirigir, LaGravenese mantiene su esencia como guionista. Crea secuencias extensas donde los personajes conversan mientras disfrutan de algo, y la cámara se mueve dinámicamente entre ellos.
Nunca logra captar el ambiente apasionadamente romántico de Nueva York que pretende reflejar. Aunque los actores ponen su mejor esfuerzo, se ven limitados por una trama simplona y algunas incoherencias poco creíbles.