Una innovadora y redundante reinterpretación de un clásico del terror. La reciente 'Slumber Party Massacre' se aleja de lo que debería ser una película con ese nombre: predecible.
Introduce algunas ideas y personajes interesantes, sin embargo, la historia carece de profundidad y las relaciones entre los personajes son muy superficiales, lo que resulta en una experiencia poco satisfactoria.
Otra delicia repleta de giros que logra recuperar la magia de 'Knives Out' sin caer en la repetición o en la imitación. Es, en verdad, una proeza notable.
Este nuevo trabajo revela claramente que la razón por la que Rodríguez no alcanzó el éxito en el cine es que nunca se rodeó de un guionista más talentoso que él.
Un compendio sin alegría y de ritmo glacial de escenas de gente volando con sus máscaras y capas tontas, lanzando rayos, diciendo tópicos y golpeándose entre sí contra los edificios.
Una alegoría política que resulta ser muy pertinente. Sus reflexiones sobre las desigualdades sociales son evidentes, pero cumple bien su propósito, presentando una película que sin lugar a dudas logra ser impactante.
Burski aborda la película no solo desde su temática principal, sino que la convierte en el corazón de una compleja red de otros temas igualmente intrigantes.
Una colección dispersa de clichés de películas indie. El problema con 'Endings, Beginnings' es que Doremus no se molesta en darnos una sola razón interesante para que nos preocupe uno solo de estos personajes.
El guion de Griffin carece de enfoque y genera dudas. Se trata de una película que demanda una considerable paciencia y contiene secciones que resultan bastante tediosas.
Tiene muchos elementos que la hacen recomendable, aunque no alcanza el nivel de su predecesora, 'Free Solo', porque muy pocas películas logran alcanzar ese tipo de excelencia.
Es un guion que revela sus debilidades en cada escena. Las actuaciones de Sarandon parecen sacadas de una telenovela de mal gusto. Además, 'John F. Donovan' carece de valor figurativo.
Los conflictos y los giros dramáticos se ven venir desde mucho antes, y la cursilería del final es absolutamente inconmensurable. Es una película inofensiva e incluso simpática, pero no especialmente convincente.
La directora muestra un talento excepcional para integrar detalles de manera orgánica. La habilidad de Delpy para conducir la historia hacia un desenlace satisfactorio es, sin duda, un gran logro.