Una película superior a lo que se podría haber imaginado, que invita a llorar con cadencia y, con suerte, a reflexionar sobre aspectos como la vida, la sanación, la familia y la muerte. Tal vez no en ese orden.
Azuelos despliega ingenio en su narrativa, combinando gags, música de carretera y encuentros inesperados con destreza. El final sorprende al revelar sus verdaderas intenciones, creando una experiencia que desafía las expectativas.
El nivel de chiribitas que los autores pretendían no logra fusionarse adecuadamente con la trama, a pesar de que Ángeles González-Sinde demuestra una mayor habilidad que otros guionistas recurrentes del equipo Albacete-Menkes.
Escalofriante arranque. La historia transita una rotonda entre la avenida Kafka y el bulevar Fernán Gómez. Tejero y Alterio ofrecen interpretaciones sencillamente perfectas.
Una crónica del desamparo que carece de la pegada de otros viajes a ninguna parte pero que atesora campos magnéticos y monólogos runruneantes capaces de tumbarte de un sorprendente directo al hígado
El director busca equilibrar la intensidad de la trama con subtramas humorísticas y un aspecto lírico. Sin embargo, la falta de resolución en algunos conflictos afecta a la película, donde las buenas intenciones no bastan.
Una película que se encuentra entre las más destacadas del cine inspirado en Macbeth. Es épica, hermosa y con una ambición que abraza sus imperfecciones. Sin duda, cineastas como Roman, Akira y Orson estarían de acuerdo.
Abundante colección de tópicos que, sin embargo, presenta un valioso repertorio de imágenes donde se entrelazan la realidad y la pesadilla en delicadas capas.
Es una comedia romántica ligera y comercial, que carece de profundidad y originalidad. Aunque a algunos les guste, la falta de contenido sustancial puede resultar decepcionante, incluso si Meg Ryan sigue brillando en su producción.
Anna Faris es una gran comediante, capaz de elevar incluso las peores películas con su carisma. En esta comedia ligera, su estilo único brilla, aunque es evidente cómo se desarrolla la trama desde el principio.
Sasson Gabai lleva el peso de una película que comienza de forma hilarante, toma un giro (auto)paródico y no puede evitar un final que plantea una crítica social. Aunque no es una obra maestra, sí ofrece un entretenimiento válido.