Anderson elige basarse en la filmoteca, manteniendo la intensidad del terror característico de ciertos videojuegos modernos, sin sacrificar la coherencia entre ambas franquicias.
Estas guerrillas clon, o más bien 'clown', son una comida mediocre para una gallina que seguirá produciendo dinero. La animación parece de un videojuego de los años 90 y los personajes son demasiado básicos, lo que caracteriza a esta lujosa pero absurda producción.
De inquietante sencillez argumental y técnica apabullante, la obra reconoce su esencia al abrir un portal temporal a una era y filosofía vibrante que, en muchos momentos, resulta cautivadora, pero también desactualizada.
Guión preciso y directo, sin sentimentalismos ni búsquedas de aprobación. Destacan escenas de acción sorprendentes que capturan la atención del espectador.
El esfuerzo por simplificar el miedo y la incomodidad se transforma en una lista infantil de sustos triviales, clichés simbólicos y un enfoque innecesario en lo felino.
Thriller psicológico que, aunque se presenta de manera elegante, resulta engañoso en su totalidad. El filme está dedicado a una actuación sobresaliente de la hermosa Lena Headey.
Su calidad es bastante baja, ya que no logra captar el interés del espectador en ningún momento. Las interacciones laborales del cuarteto protagonista son poco atractivas, al igual que sus previsibles relaciones personales.
Contemplativo, revelador e interminable, el filme eterniza sus logros en un cruce entre docudrama sobre la explotación laboral y un recorrido visual de las mejores fotos del año.
Con una estética descuidada y antiestética, este filme presenta un naturalismo extremo que, sólo a base de buena intención, logra captar la atención del espectador.
El director logra fortalecer su trama dramática mediante una economía de gestos y palabras, creando una atmósfera opresiva que va en aumento. Evita los arquetipos y elige con cuidado los momentos culminantes de la narración.
Interesantes ideas junto a obstáculos complicados que afectan negativamente el resultado, llevándolo a una falta de equilibrio y originalidad, dejando un regusto amargo al final.
El 'míster' Santiago incurre en un error común al descuidar las historias secundarias de los habitantes del extrarradio, pero, a pesar de ello, logra mantener el interés suficiente para entretener en un domingo de ocio.
El peloteo carece de pasión y malicia, y el balón se mantiene en juego gracias al talento de Javier Gutiérrez y Guillermo Toledo, lo que resulta en una pachanga efectiva.