El apartado técnico es brillante, pero el guión no ha logrado afinar completamente una de sus dos grandes apuestas. La trama pseudo-ecologista sobre la protección de los dragones se desarrolla en su parte central, mientras los niños se distraen.
Aunque no convenza del todo en cuestión de ritmo y de narrativa, más por falta de control que por tedio, acaba contagiando con su espíritu de cuento intemporal.
Todo adquiere un grado de solemnidad difícil de articular en un entretenimiento. Simula una fuerza que en realidad le proviene, no de la base, sino de un calculado doping.
Apacible animación para niños. Un sentido del humor con el que los mayores pueden sentirse en territorio ajeno. Tiene, como mínimo, el sabor de la valiente novedad que huye de un tiempo despavorido.
Una obra cinematográficamente irreprochable, en la línea de algunos de sus últimos trabajos, atildados en la forma pero nunca sorprendentes y únicos (...) lo más demoledor en 'Exodus', con diferencia, resulta ser su vertiente política.
Quizá Abrams se equivoca en la estructura y en el manejo del tiempo de su obra cinematográfica. Cuenta con un exceso de metraje, una técnica impecable y un entretenimiento que resulta mediano. Además, carece de una auténtica capacidad de transgresión, quedando relegada al olvido para los escépticos y presentada como un obsequio destinado a quienes creen.
Un ‘disney’ de los grandes. Lo que más destaca en ella es ese aire de los primeros clásicos. Con una estructura que evoca un musical, 'Frozen' supera incluso a la ya excelente 'Enredados'.
Tan traviesa como inane, tan brillante como reincidente. Jeunet recupera parte de sus mejores esencias. Sin embargo, esos estallidos de creatividad ya no sorprenden tanto.
DreamWorks continúa ofreciendo productos de gran calidad, con un diseño de personajes impresionante y un ritmo y planificación que no permiten un solo momento de respiro, combinando la aventura clásica con elementos cómicos extravagantes.
Una propuesta que destaca en lo formal por la textura y el gusto por el detalle en los planos cortos, y que sólo desentona, por obvia, en la parte más lírica de la partitura de Danny Elfman.
Tanto realismo animado, tanto esfuerzo técnico, tanta verosimilitud, para acabar escribiendo un guion no para niños, sino de niños, que no superaría el listón de un mal episodio de una mala serie de televisión infantil.