La película solo destaca por su hechizante colorido; sin embargo, su estructura excesivamente complicada, al igual que su moraleja, que resulta tajante y enfática, devalúan el producto.
Solo se salva del desastre narrativo por un triángulo de cuestiones al margen de su engranaje central. Una nueva demostración de que el cine de acción se está convirtiendo en una simple suma de set pieces.
Los primeros 40 minutos son la mejor manera de alejar al no creyente de la congregación. La saga ha ido perdiendo su sentido del humor, hasta llegar a esta última entrega donde las risas han desaparecido por completo.
Parecía, a priori, carne de basura veraniega. Pero no. Y la razón es única y claramente apreciable: el talento para el manejo de la puesta en escena, el montaje, los planos-detalle, el suspense (...) Una coreografía del horror que bien vale una entrada
Tras una primera media hora prometedora, la película se va diluyendo poco a poco. Gondry presenta secuencias de acción espectaculares, pero estas no logran integrarse adecuadamente con el transcurso del tiempo. Todo se siente excesivamente prolongado.
Cine sin personalidad, producido con un enfoque estándar. La película presenta más del 60% de su metraje en secuencias de batalla, todas conformadas por el mismo estilo repetitivo.
Más de lo mismo. Las sempiternas risas del burro y los ojos de pena del gato con botas funcionaron en su momento, pero no pueden sostenerse en secuelas. La fórmula se ha agotado.
Nefasta. El 3D permite mantener una cierta distancia y abordar la experiencia con el mismo desdén y aburrimiento que uno podría sentir al ver una película pornográfica.
Penumbra en 3D es aún más áspera en su narrativa. La notable carencia de iluminación durante las escenas diurnas genera la sensación de que, en lugar de usar gafas 3D, hemos ingresado al cine con gafas de sol.
Mucho más cómica que terrorífica, con toneladas de efervescencia sexual y una gran capacidad para reírse de sí misma. Todo ello con el objetivo del feliz esparcimiento de la plebe juvenil.
Réquiem por un subgénero. Lo único tolerable de 'Almas condenadas', una confusión de creencias ancestrales haitianas y asesinatos juveniles, son algunos de sus retratos de la adolescencia.
La involución artística. A Cameron parece que se le ha escapado la historia que deseaba transmitir, o quizás no era suficiente. Si este es el rumbo que tomará el cine en el futuro, prefiero retirarme.
La bellota cansina es más de lo mismo, pero en una versión inferior. Funciona de manera razonablemente eficaz si se visualiza en segmentos, aunque su concepto general resulta farragoso y confuso.
Es sólida en su narrativa y elegante en su puesta en escena, pero le sobran coros celestiales y un aire de producto que busca la inspiración y el cambio, lo cual encaja con el sistema propagandístico.