A los tres cuartos de hora, la película realiza un giro sorprendente y todo adquiere un nuevo sentido. Es efectivamente algo nunca antes visto. Una hora llena de sensaciones conmovedoras, completamente novedosas, que rodean la aventura de la vida.
La película combina de manera efectiva diferentes formatos. Sin embargo, la elección del universo de chuches del juego Sugar Rush como escenario principal conlleva una sobreabundancia de colores rosas y elementos de pastelería, lo que puede resultar en un efecto empalagoso.
Casi un Arthur Miller, el de 'Las brujas de Salem'; un Fritz Lang, el de 'Furia'; un James Whale, el de 'Frankenstein'. Esta obra es una adaptación para niños del nuevo milenio, presentada en un formato animado en tres dimensiones y con un enfoque de comedia negra sobrenatural. En resumen, es un triunfo y una película extraordinaria.
El cuidado en la paleta de colores y la atención a los detalles permiten que el espectador se maraville en cada momento con la exquisitez de cada plano, incluso en su representación de un Londres sucio y casi depravado.
Un tercio inicial de cine que se siente palpable y sorprendente. Sin embargo, una vez que se supera esa primera parte y se establece el conflicto dramático, la película pierde fuerza, transformándose en una producción de acción más del montón.
La película solo destaca por su hechizante colorido; sin embargo, su estructura excesivamente complicada, al igual que su moraleja, que resulta tajante y enfática, devalúan el producto.
Solo se salva del desastre narrativo por un triángulo de cuestiones al margen de su engranaje central. Una nueva demostración de que el cine de acción se está convirtiendo en una simple suma de set pieces.
Los primeros 40 minutos son la mejor manera de alejar al no creyente de la congregación. La saga ha ido perdiendo su sentido del humor, hasta llegar a esta última entrega donde las risas han desaparecido por completo.
James Cameron solo produce pero posee su inconfundible sello, con todo lo bueno (la espectacularidad) y lo malo (linealidad absoluta de personajes y tramas)
Parecía, a priori, carne de basura veraniega. Pero no. Y la razón es única y claramente apreciable: el talento para el manejo de la puesta en escena, el montaje, los planos-detalle, el suspense (...) Una coreografía del horror que bien vale una entrada
Tras una primera media hora prometedora, la película se va diluyendo poco a poco. Gondry presenta secuencias de acción espectaculares, pero estas no logran integrarse adecuadamente con el transcurso del tiempo. Todo se siente excesivamente prolongado.
Cine sin personalidad, producido con un enfoque estándar. La película presenta más del 60% de su metraje en secuencias de batalla, todas conformadas por el mismo estilo repetitivo.
Más de lo mismo. Las sempiternas risas del burro y los ojos de pena del gato con botas funcionaron en su momento, pero no pueden sostenerse en secuelas. La fórmula se ha agotado.
Con un engranaje narrativo que nunca acaba de comprenderse si es complejo, trascendente o engorroso, en esta nueva odisea se pueden percibir más claramente las intenciones religiosas del autor que los verdaderos objetivos de los chavales en el mundo mágico de Narnia.
Nefasta. El 3D permite mantener una cierta distancia y abordar la experiencia con el mismo desdén y aburrimiento que uno podría sentir al ver una película pornográfica.
Penumbra en 3D es aún más áspera en su narrativa. La notable carencia de iluminación durante las escenas diurnas genera la sensación de que, en lugar de usar gafas 3D, hemos ingresado al cine con gafas de sol.