La lágrima como fin. Un melodrama intenso que, aunque el aspecto interpretativo brilla con buen desempeño, especialmente con Mario Casas, otros aspectos de la película no logran alcanzar el mismo nivel.
Los creadores han perfeccionado su talento para la invención, ofreciendo giros inesperados y una serie de momentos memorables que transitan entre la tensión y la risa.
Krasinski vuelve a demostrar que el silencio absoluto puede ser sorprendente, manteniendo las virtudes de la película original y ofreciendo un prólogo espectacular.
La película presenta una trama mal desarrollada que dificulta la comprensión de sus objetivos fundamentales, convirtiéndose en una amalgama de trivialidades en medio de espectaculares pero vacías escenas de acción.
Una película de cine social europeo centrada en la reivindicación social. Sin embargo, su mensaje, aunque potente, se pierde en una narrativa que llega a hacerse tediosa.
Sin pretensiones, pero está bien escrita, narrada e interpretada. El final deja un regusto amargo que empaña lo que hasta ese momento era una película competente.
No es una película que revolucionará la comedia en España. Sin embargo, cuenta con un director que se preocupa no solo por provocar risas, sino también por la estética, lo que enriquece el contenido del guión.
Una serie de cuadros que combina la comedia y el drama con una estética aparentemente simple pero con un trasfondo inquietante. Muestra que el humor puede ser simultáneamente frío y cálido, y que lo simple no necesariamente carece de ambición.
Es posible que esta sea su mejor película de Duguay, sin que sea nada del otro mundo. Tiene la dureza necesaria para no ser tildada de melodramática, pero al mismo tiempo ofrece un sosiego que permite disfrutar incluso en una tarde de cine familiar.
La historia destaca por su enfoque en el autoanálisis de las culpas mientras se desarrollan los acontecimientos. Desde un destino incierto, los personajes reflexionan sobre sus experiencias de una manera única.
Comienza con gran energía. Sin embargo, después de los primeros treinta minutos, las situaciones carecen de atractivo y los diálogos no logran ser ni cómicos ni profundos.
Otra película sobre el Holocausto, aunque no una más. Las disputas verbales e incluso las confrontaciones físicas son lo más cautivador. Sin embargo, los 'flashbacks' que se presentan sobre los protagonistas juegan en su contra.
Un imponente viaje a los confines de la Tierra y del arte. La película, de una deslumbrante plasticidad tan etnográfica como pictórica, muestra nuestra pequeñez ante una pantalla suprema (...) una obra mayúscula.
Una película de enorme belleza, donde José Díaz muestra eficacia a la hora de filmar y honestidad en el momento de transmitir sus sensaciones. Y con un notable equilibrio entre los textos a cámara y en off.
Qué se le ha perdido al palestino Hany Abu-Assad es otro de los misterios de un relato que no logra transmitir la desesperación vital ni las ansias de supervivencia, y aún menos el ardor romántico del amor desenfrenado en situaciones extremas.