Elegante aproximación a la lucha de las mujeres contra el fanatismo en un entorno rural que, aunque áspero, resulta expresivo y hermoso. El relato es cautivador y se destaca por una hermosa utilización de la luz.
Una película que promete mucho pero que, lamentablemente, resulta bastante decepcionante. Un guion débil y poco atractivo hace que la tensión sea ineficaz, llevando al espectador a desconectarse totalmente de la trama en sus primeros minutos.
Cuadri se centra en el espectáculo, exhibiendo un notable control sobre la cámara. A medida que avanza la película, la trama se vuelve menos significativa y adopta un enfoque más simplista y elemental.
Francen, como directora y coguionista, logra una fusión compleja que equilibra delicadeza y vigor, armonía y desafío, ofreciendo al espectador una experiencia que invita a la reflexión y la mesura.
La clave de este clásico francés radica en abordar su contenido con humor, aunque siempre con una apariencia seria. Esta combinación se logra de manera efectiva.
Batiburrillo de acción desaforada pero carente de ritmo interno, subtextos de saldo relacionados con la erradicación de la violencia, y un puñado de referencias presuntamente cultas.
Introducir al niño de 'La profecía' en una narrativa que evoca la desoladora atmósfera de 'Un plan sencillo' de Sam Raimi es un intento fallido que genera más risas que tristeza.
Con su particular estilo visual y enfocándose en la perspectiva del padre, Christian Carion logra conmover y cautivar al espectador. Sin embargo, cuando la trama vira hacia un thriller de investigación y supervivencia, la película adquiere un carácter más convencional.
La película tiene la relevancia que caracteriza a las obras atemporales. Conserva todos los elementos positivos indispensables para una adaptación de este tipo.
Trabajo de narrativa a borbotones que posee un envidiable concepto visual, el cual se alinea perfectamente con dos de sus temas centrales: la violencia y la lujuria.
Desde el comienzo, la obra se inclina por una sutileza que puede resultar excesiva y presenta cierta falta de concreción en la narrativa. Sin embargo, a medida que avanza, especialmente tras la interacción con el sobresaliente Josean Bengoetxea, logra alcanzar su objetivo: evocar una fantasía de índole atávica.
Radical, pero de escaso interés tanto en su forma como en su narrativa, la película se extiende hasta una duración excesiva de dos horas y media. Serra se centra en la provocación, que fue bien recibida en Locarno, pero en esta crítica no convence.
Duigan insiste en utilizar el contrapicado en su dirección, aunque a veces carezca de justificación. Sin embargo, presenta un interesante enfoque sobre la luz que se torna progresivamente más oscura.
La pasión de Gibson es una intensa y rabiosa aventura de acción que, aunque puede parecer algo desequilibrada, mantiene un ritmo cautivador. La obsesión del director por los primeros planos sangrientos es un aspecto que cada espectador deberá evaluar, pero su autenticidad está fuera de duda.
Entre la desmitificación y la charlotada hay un gran trecho. Una carencia absoluta de recursos dramáticos y una descomunal falta de respeto en una casi vergonzante comedia.
Suárez presenta una destacada película que sirve como una adaptación intensa y visualmente rica del mito de Don Juan. La imagen del carro con la caracola y el viaje final en barca hacia la muerte deja una profunda impresión.