Rohmer menciona que 'La Astrea' es conocida por ser 'pesada e ingenua'. Sin embargo, la forma y la narración elegidas para su adaptación justifican su reputación en el ámbito cinematográfico.
Demoniaco entretenimiento. Ese tono intrascendente sobre asuntos aparentemente trascendentes es el que convierte su película en algo tan divertido. Soberbios efectos especiales.
El resultado es satisfactorio en algunas secuencias, pero falla en las de fantasía. Además, un excelente elenco actoral se ve desaprovechado por un guion genérico que parece un refrito.
Posee casi todas las constantes del terror japonés: una enorme capacidad para crear miedo en el límite secuencial y una desasosegante incapacidad para rematar con un final que una los flecos sueltos. escalofriante melodía.
Una película que promete mucho pero que, lamentablemente, resulta bastante decepcionante. Un guion débil y poco atractivo hace que la tensión sea ineficaz, llevando al espectador a desconectarse totalmente de la trama en sus primeros minutos.
Desde el comienzo, la obra se inclina por una sutileza que puede resultar excesiva y presenta cierta falta de concreción en la narrativa. Sin embargo, a medida que avanza, especialmente tras la interacción con el sobresaliente Josean Bengoetxea, logra alcanzar su objetivo: evocar una fantasía de índole atávica.
Radical, pero de escaso interés tanto en su forma como en su narrativa, la película se extiende hasta una duración excesiva de dos horas y media. Serra se centra en la provocación, que fue bien recibida en Locarno, pero en esta crítica no convence.
Batiburrillo de acción desaforada pero carente de ritmo interno, subtextos de saldo relacionados con la erradicación de la violencia, y un puñado de referencias presuntamente cultas.
Entre la desmitificación y la charlotada hay un gran trecho. Una carencia absoluta de recursos dramáticos y una descomunal falta de respeto en una casi vergonzante comedia.
Suárez presenta una destacada película que sirve como una adaptación intensa y visualmente rica del mito de Don Juan. La imagen del carro con la caracola y el viaje final en barca hacia la muerte deja una profunda impresión.
Esta película destaca por su estética cuidadosa y elaborada, presentando un enfoque narrativo audaz. La provocación es constante y sin matices, envuelta en una atmósfera de exageración y cierta arrogancia. A pesar de sus impactantes inicios y finales oscuros, la obra tiende a resultar más aburrida que estimulante.
Es incluso graciosa sin ir de cómica. De bellas fotografía y banda sonora, el inquietante interés de personajes y situaciones la convierten en una lúcida crónica histórica y política de inusual extravagancia.
Las escenas se atropellan, las músicas se chocan unas con otras, la narración está descompensada y los personajes entran y salen de la historia sin que se conozcan sus motivaciones.