Colorida, juvenil, divertida y absurda, esta película puede ser interpretada de diferentes maneras. Cada espectador decidirá si ve el lado positivo o negativo, dependiendo de sus expectativas.
Una película que promete mucho pero que, lamentablemente, resulta bastante decepcionante. Un guion débil y poco atractivo hace que la tensión sea ineficaz, llevando al espectador a desconectarse totalmente de la trama en sus primeros minutos.
Desde el comienzo, la obra se inclina por una sutileza que puede resultar excesiva y presenta cierta falta de concreción en la narrativa. Sin embargo, a medida que avanza, especialmente tras la interacción con el sobresaliente Josean Bengoetxea, logra alcanzar su objetivo: evocar una fantasía de índole atávica.
Radical, pero de escaso interés tanto en su forma como en su narrativa, la película se extiende hasta una duración excesiva de dos horas y media. Serra se centra en la provocación, que fue bien recibida en Locarno, pero en esta crítica no convence.
Batiburrillo de acción desaforada pero carente de ritmo interno, subtextos de saldo relacionados con la erradicación de la violencia, y un puñado de referencias presuntamente cultas.
Entre la desmitificación y la charlotada hay un gran trecho. Una carencia absoluta de recursos dramáticos y una descomunal falta de respeto en una casi vergonzante comedia.
Suárez presenta una destacada película que sirve como una adaptación intensa y visualmente rica del mito de Don Juan. La imagen del carro con la caracola y el viaje final en barca hacia la muerte deja una profunda impresión.
A pesar de que la película intenta explicar lo que resulta inefable y el talento visual de Nolfi no brilla con fuerza, lo que genera una sensación de producción de bajo presupuesto, no se puede afirmar que sea un total desatino.
El resultado es satisfactorio en algunas secuencias, pero falla en las de fantasía. Además, un excelente elenco actoral se ve desaprovechado por un guion genérico que parece un refrito.
Técnicamente impecable, la película mantiene el interés del espectador hasta que aparece el elemento sobrenatural, momento en el que la trama pierde su uniformidad.
Cortés regresa con un guion externo, en este caso, una producción estadounidense, que no logra destacarse. La representación visual padece de una notable falta de coherencia.
Una película de terror que resulta completamente desechable y carente de cualquier valor. Desde su primera escena intenta generar suspense y miedo, a pesar de no haber desarrollado la trama ni ofrecer motivos suficientes para sentir temor.
La historia carece de desarrollo, con eventos y diálogos escasos. En otras circunstancias, esto podría interpretarse como un signo de maestría narrativa o sutileza, pero aquí solo revela la falta de substancia, convirtiéndose en una estructura incompleta de lo que podría haber sido una buena película.
Un Pinocho en un ambiente fascista, acompañado de melodías poco agradables. La película se mueve a través del drama, la fantasía y momentos de comedia negra, destacando especialmente el aspecto musical y las inusuales elecciones en el diseño de los personajes.
Los intérpretes, las situaciones, los diálogos y la dirección son correctos, pero no logran generar entusiasmo. A pesar de esto, hay una mejora notable en la película cuando los personajes comienzan a mostrar sus superpoderes.