Aquí se aprecia una elección estética fuerte, un estilo visual impactante y una clara intención en la composición de cada escena. Aunado a eso, se destaca una notable ambición narrativa que brilla con fuerza.
Edgerton presentó una ópera prima atrevida, destacando por su uso de recursos valiosos y una claridad narrativa que difumina algunos trucos. Sin embargo, el desenlace es menos sutil comparado con el resto de la película.
La película pierde su efecto de suspenso al explicar innecesariamente comportamientos y resoluciones. Cada aclaración, acompañada de flashbacks, la aleja de su esencia original, dándole un toque de teatro cruel y un aire de televisión didáctica.
Con un co-guionista como Olivier Assayas y un comienzo que se prestaba para un enfoque salvaje al estilo Polanski, se demuestra que incluso los grandes directores pueden apoyarse únicamente en la técnica y la automatización.
La audaz confianza que muestra el director y guionista Yann Gozlan, sumada a su habilidad para dotar de intensidad a sus narrativas y una puesta en escena atrevida, permite que la película fluya con un ritmo constante y cautivador.
Eficaz thriller que combina la violencia y el suspenso, avanzando con fluidez. Sin embargo, hacia el final, presenta algunas torpezas reminiscentes de los thrillers de los noventa, un estilo que a veces echamos de menos.
Una mayor concentración, un mayor foco, una mayor dedicación a los detalles podrían haber mejorado este policial que se juega a -y acierta en- no tener grandes sorpresas.
Es una narrativa directa, donde el uso de disfraces es intencional. Se presenta como un cine orientado a la inmediatez, centrado en lo superficial. De hecho, refleja cómo se percibía y producía el cine hacia finales del siglo XX.
Cine hipercorrecto, sólido, cercado, tan limitado en su vuelo como sutil en sus planteos, tan movilizadores como se lo permitan probables identificaciones emocionales.
Una comedia romántica protagonizada por casi setenta añeros, narrada con un ritmo tan ágil que podría rivalizar con las películas más rápidas en cartelera.
La película de Farhadi es un entretenido viaje a través de temas complejos y delicados. Aunque es ágil y cautivadora, la habilidad del director puede encubrir algunas inconsistencias, aunque no de manera indefinida.
Esta película se presenta como una obra mayormente sólida y fluida, mostrando un enfoque profesional. Su fortaleza radica en no intentar forzar sorpresas en el comportamiento de sus personajes, limitándose a reflejar lo inevitable, como un enamoramiento.
Varda y JR realizan su trabajo con cariño y energía, presentando una obra visualmente cautivadora que captura la esencia de cada hogar y comunidad, al mismo tiempo que reflexionan de forma amena pero profunda sobre el concepto de la imagen.
Este retrato cuenta con el atractivo suficiente como para convocar a los que ya conocen a la cantante y también para fascinar a los que recién se acercan.
'La calle de los pianistas' es un documental que explora un espacio, una familia y la importancia del tiempo. Muestra la lucha por mantener viva una tradición y resalta el honor de poder dedicarse al arte.
'El camino más largo' se enorgullece de su falta de innovación y abraza sus clichés. A lo largo de la historia, se mantiene fiel a su esencia y culmina con un desenlace que encaja con el hilo narrativo. Saber mantenerse en su lugar también puede ser un mérito destacable.
Una película que cree en la historia y a la vez confía en las formas y posibilidades del cine del presente. El resultado es un cine bélico anómalo, enjundioso, específico y singular.
Es un ejemplo de concisión y aprovechamiento de recursos. Pocos personajes, pocos datos, imágenes de gran potencia, violencia que irrumpe brevemente y conmueve, estremece.
El profesionalismo en la estética es débil, la narrativa carece de interés, aunque hay algunas situaciones humorísticas que resultan aceptables y un conjunto de referencias claramente visibles. En definitiva, se trata de una película que se siente más como un producto vacío.