Un planteo poco original, pero que destaca por su velocidad y una interacción más rítmica y enérgica. La animación prioriza un estilo caricaturesco y utiliza los espacios como escenarios para la comedia física, en lugar de presentarlos como paisajes con alguna identidad.
'Una chica fácil' es vulgar al intentar mostrar lujos y sofisticación y aún más vulgar al exponer vulgaridades. Aunque busca ofrecer diálogos "profundos e interpretables", en realidad son solo vacíos y superficiales.
Es una pócima hiperconcentrada de las fórmulas del éxito en la actualidad, uno de esos artefactos de diseño que, en su pretensión, simulan ofrecer mucho mientras realmente narran muy poco.
La película supera las expectativas de un relato convencional. Erlingsson demuestra que más es realmente más, explorando sendas que ocasionalmente resultan ser desvíos. Sin embargo, en su mayoría, logra cautivar con decisiones efectivas que son tanto contundentes como vitales.
Más allá de consignas poco sutiles, puede valorarse por su apuesta narrativa sin trampas, por su confianza en la conexión entre el espectador y los personajes (y entre ellos) y, sobre todo, por su extraordinaria puesta en escena del protagonista felino.
Los problemas de la película van más allá de la peluca naranja de Joaquin Phoenix. Acumula repeticiones conceptuales simplistas y momentos burdamente emocionales, junto con una música que resulta indignante por su enfoque conductista.
Vigalondo sigue los consejos de Oscar Wilde al centrarse en convencernos de su elección narrativa, lo que nos lleva a creer en la historia que presenta. Además, logra divertirnos de una manera muy satisfactoria.
La violencia de género se presenta de manera simplista y didáctica, lo que resulta casi risible. La información proporcionada es engañosa en su presentación visual y la resolución de la trama emplea métodos mentales que son, al menos, cuestionables.
La pérdida de la memoria y la búsqueda del reconocimiento se convierten en los ejes de la mayor parte del metraje, en la que los rasgos menos atractivos del estilo de Yimou desgastan más la narrativa.
Una película fluida, contenida y empática sin ser invasiva. La propuesta destaca al apoyarse en tres actores excepcionales, como Moore, Alec Baldwin y Kristen Stewart.
Las historias de dedicación artística que superan las limitaciones personales alcanzaron un punto álgido con 'Ed Wood' de Tim Burton, posiblemente su obra maestra. Con 'The Disaster Artist', Franco presenta su mejor trabajo hasta ahora, creando una película apasionada que explora la esencia de la pasión.
Hay algo de humor, algo de acidez política que asume las formas anacrónicas del comentario, tristezas varias y personajes que se mueven más por los designios escritos que por su propia energía.
Cine de la intensidad, con personajes contundentes. En estas obras, y en la constante determinación de Virzì por mantener el ritmo, así como evitar el caos narrativo, se encuentran algunas de las fortalezas de esta película.
Cuando 'Juventud' intenta transmitir sus diversas ideas, estas a menudo se expresan de manera tan clara que caen en la obviedad, acompañadas de un énfasis excesivo. Esto hace que la habitual ambición de Sorrentino se sienta más como una pretensión decorativa de aforismos.
Un relato que se siente cansado y previsible, extendiéndose por casi dos horas, especialmente en su última media hora que atosiga tanto al espectador como a la propia narrativa, utilizando recursos poco sutiles y una acumulación excesiva de elementos manipulativos.
Se trata de una de esas películas que intentan ocultar su carga teatral con artificios propios del cine: deslumbrantes imágenes de paisajes irrelevantes, movimientos de cámara que recuerdan a las peleas de Matrix para transitar de una conversación entre personajes a otra, y flashbacks innecesarios.
No puede convencer, ya que carece de un mensaje claro. Se siente como un producto diseñado para un público masivo, caracterizado por emociones superficiales y poco originales.
Una puesta en escena que centraliza la acción, que no juega con lo que está fuera de lo encuadrado (o diseñado), que no usa el espacio más allá de dos o tres momentos (al principio y al final), cuando las persecuciones tienen un mínimo de continuidad.