El corazón y el atractivo de la película estaban ahí y las convenciones narrativas mal desplegadas la hacen dejar de latir y echan demasiada luz sobre sus fallas.
No puede convencer, ya que carece de un mensaje claro. Se siente como un producto diseñado para un público masivo, caracterizado por emociones superficiales y poco originales.
Una puesta en escena que centraliza la acción, que no juega con lo que está fuera de lo encuadrado (o diseñado), que no usa el espacio más allá de dos o tres momentos (al principio y al final), cuando las persecuciones tienen un mínimo de continuidad.
Apuesta a la parsimonia en los diálogos, a esa demora sensible en la pausa. Sin embargo, todas esas características no logran disimular del todo que la relación entre los hermanos se resuelve con una conclusión rimbombante que intenta escapar de una narrativa difícil de resolver.
Lo destacable de la primera secuencia de 'Naturaleza muerta' es que, además de citar y homenajear, demuestra un manejo seguro de la cámara y, sobre todo, de la amenaza del fuera de campo. Lo que sigue lamentablemente no está a la altura de este comienzo.
Las imágenes, en términos de encuadres e iluminación, se cobijan a la sombra del cine de John Ford pero le agregan un manierismo que no solo logra no ser un mero adorno sino además resignificar la relación de los personajes.
Hay derivas inútiles, más aclaraciones, feos efectos digitales y personajes que sobran. Al final, algo más de movimiento, y quizás habría que hablar de Lévi-Strauss y el tabú del incesto, pero mejor no..
Como suele suceder en estas películas sobre genios matemáticos, no se suele explicar demasiado su genialidad y lo que queda es la preponderancia de la música y las efusiones de brazos en alto o caídos para que nos demos cuenta de si estamos en momentos de triunfo o de derrota.
'Se levanta el viento' es, a la vez, sutil e imponente. Plantea encrucijadas de emociones y conflictos a pleno sin necesidad de diálogos didácticos, y su relato refleja ese espíritu superior de los grandes artistas.
Película de milagros sutiles, es uno de esos logros gigantes que parecen fáciles: un film que simula narrar y profundizar en sus personajes como si meramente respirara.
Narrador brioso, Wright confía en los travellings y en la música, creando una experiencia cinematográfica emocional. La disposición de los gestos de Oldman refleja una elegancia que fluye de manera natural.
Las secuencias de batalla de 'Hasta el último hombre' superan las de Spielberg en 'Rescatando al soldado Ryan'. Las superan en realismo, en cercanía, en impacto. Y, claro, en intensidad, porque Gibson es un director volcánico, encendido, de un nivel inusual de capacidad.
Un melodrama insípido y carente de vida, presentado de manera excesivamente elaborada, con una sorprendente falta de habilidad para representar el deseo.
Petzold crea un melodrama excepcional, una obra que refleja la madurez de un cineasta comprometido y un artista contemporáneo en pleno dominio de sus habilidades.
En algunos momentos, este relato plano es ganado por la historia de base, cuya fuerza se impone a las formas convencionales -e incluso menos que eso- del director John Lee Hancock.
Una película singular, osada. 'Eva no duerme' es una película mutante, pero no una de estética dubitativa, y la solidez del trabajo sonoro y de la luz lo reafirman.