Apuesta a la parsimonia en los diálogos, a esa demora sensible en la pausa. Sin embargo, todas esas características no logran disimular del todo que la relación entre los hermanos se resuelve con una conclusión rimbombante que intenta escapar de una narrativa difícil de resolver.
Lo destacable de la primera secuencia de 'Naturaleza muerta' es que, además de citar y homenajear, demuestra un manejo seguro de la cámara y, sobre todo, de la amenaza del fuera de campo. Lo que sigue lamentablemente no está a la altura de este comienzo.
Las imágenes, en términos de encuadres e iluminación, se cobijan a la sombra del cine de John Ford pero le agregan un manierismo que no solo logra no ser un mero adorno sino además resignificar la relación de los personajes.
Como suele suceder en estas películas sobre genios matemáticos, no se suele explicar demasiado su genialidad y lo que queda es la preponderancia de la música y las efusiones de brazos en alto o caídos para que nos demos cuenta de si estamos en momentos de triunfo o de derrota.
'Se levanta el viento' es, a la vez, sutil e imponente. Plantea encrucijadas de emociones y conflictos a pleno sin necesidad de diálogos didácticos, y su relato refleja ese espíritu superior de los grandes artistas.
Película de milagros sutiles, es uno de esos logros gigantes que parecen fáciles: un film que simula narrar y profundizar en sus personajes como si meramente respirara.
Narrador brioso, Wright confía en los travellings y en la música, creando una experiencia cinematográfica emocional. La disposición de los gestos de Oldman refleja una elegancia que fluye de manera natural.
Las secuencias de batalla de 'Hasta el último hombre' superan las de Spielberg en 'Rescatando al soldado Ryan'. Las superan en realismo, en cercanía, en impacto. Y, claro, en intensidad, porque Gibson es un director volcánico, encendido, de un nivel inusual de capacidad.
Un melodrama insípido y carente de vida, presentado de manera excesivamente elaborada, con una sorprendente falta de habilidad para representar el deseo.
En algunos momentos, este relato plano es ganado por la historia de base, cuya fuerza se impone a las formas convencionales -e incluso menos que eso- del director John Lee Hancock.
Una película singular, osada. 'Eva no duerme' es una película mutante, pero no una de estética dubitativa, y la solidez del trabajo sonoro y de la luz lo reafirman.
Esta biografía inglesa, dirigida por también británico Rupert Goold, es de esas que, al vampirizar la historia memorable del arte, logran acercarse a ciertas grandezas que las nutren aunque sea parcialmente.
Otra demostración de la asombrosa capacidad de Bigelow para contar conflictos violentos y políticos con mirada alejada de todo simplismo, de toda moda ideológica, de toda falta de compromiso con el mundo y con el cine.
Una película a la que se le notan el tremendo potencial y, a la vez, los límites. Esos límites son los de la previsibilidad, el esquematismo en cada situación en la que, a la narración convencionall, se le agrega la lección exprés de historia desde la mirada esclarecida del futuro.
Moretti entrevista con empatía y por momentos con temblores provenientes de sus ideas. Y narra y escucha, y narra y piensa, y narra y conmueve con algunas de las armas más nobles y perdurables del cine.