Transformando los clichés del género en una dura reflexión sobre la lucha de clases y la represión de la compasión, Um Tae-hwa convierte la bondad humana en la principal víctima del caos social.
Retuerce las emociones humanas hasta convertirlas en pretzels de perversión. Sus imágenes, hermosamente capturadas por Jo Yeong-jik, cautivan a pesar de tener un personaje principal desagradable.
Russell Owen logra generar una atmósfera notable utilizando escasos recursos. Su dirección se caracteriza por un tono gótico que inquieta y mantiene a la audiencia en tensión.
El guion es tan engañoso que, casi como Carl, nos sentimos perdidos. Lo mejor es dejar de lado cualquier intento de desentrañarlo y simplemente disfrutar de los planos inquietantes de Blaubach.
El filme aborda la dignidad en el trabajo con una mezcla de dulzura y ternura. La perspectiva que se ofrece, donde el trabajo ennoblece inherentemente, se mantiene firme y clara a lo largo de la narración.
Sus efectos especiales son magníficos, aunque no destacan de manera notable. Sin embargo, los actores están realmente involucrados y el guion consigue ofrecer momentos de reflexión sin detrimento del entretenimiento.
El trabajo de acrobacia es impresionante y Lyes, ex campeón francés de kickboxing, realiza movimientos que superan las aspiraciones de muchas estrellas de acción.
La película destaca por su estilo y algunas ideas interesantes, aunque estas no están completamente exploradas. La actuación vibrante de la protagonista aporta energía al filme, que resulta ser más sólido de lo anticipado.
Si pensabas que la franquicia de 'Crank' había llegado al límite del mal gusto, prepárate para explorar una nueva profundidad: 'Gamer', un espectáculo futurista repleto de violencia y elementos provocativos.
Metódica y eficiente, el guion saca partido a su localización genérica y al tema de la infección zombi, aunque el orden de las muertes es bastante predecible.
La historia carece de originalidad, reflejando la falta de creatividad en su título. Además, padece de momentos narrativos que resultan bastante problemáticos.
Deprimente. El narcisismo de los personajes resulta repelente y fascinante al mismo tiempo. Côté los aborda con una elegancia sutil y una mirada exploratoria que despierta una curiosidad entrañable.
Una combinación caótica de relatos intrigantes, personajes poco atractivos, imágenes en movimiento y memorias impactantes, que se enfoca más en justificar al presunto homicida que en llevar a cabo la investigación adecuada.