Este sincero primer trabajo como director, que también ha sido escrito por la estrella principal, corre el riesgo de quedar atrapado en su sombría intensidad, antes de que un público que espera el fin del mundo logre apreciarlo.
Aunque carece del mismo nivel de humor que la primera entrega, puede resultar entretenida para aquellos que estén en el estado de ánimo adecuado. En resumen, esta secuela carece de la misma chispa absurda que caracterizaba a la película original.
Está fotografiada con un cuidado extremo, aunque a veces es demasiado ambiciosa. Es más inquietante que aterradora, pero aun así es un viaje que merece la pena.
Conroy se destaca como la figura central del documental. Su cautivador acento de Liverpool revive los momentos clave, aportando vitalidad a la narrativa.
Ha perdido gran parte de su atractivo contracultural. 'Between the Lines' es una película centrada en los personajes, pero solo unos pocos logran captar el interés del público.
Suficientemente satisfactoria como slasher con un regusto a comedia negra, tiene cierto atractivo comercial, pero artísticamente representa un paso atrás.
Inteligente, amarga, entretenida y probablemente demasiado verídica para la mayoría de estadounidenses. Representa otro paso hacia delante para Morris.
Un empático aunque imperfecto intento de imaginar la vida en las calles y encontrar una historia específica en ese contexto. La película se sostiene por dos interpretaciones absolutamente convincentes.
Las interpretaciones son contundentes y la película logra transmitir una fuerte sensación de ambiente. Sin embargo, al revelar los misterios, estos pierden coherencia y resultan confusos.
Inmediatamente entra en el panteón de películas sobre mentirosos. Es la típica película seria pero atractiva y de escala modesta que a la gente le gusta decir que ya no se hace.
Es una obra que resulta accesible y destaca por su relevancia, especialmente para quienes buscan entender el crecimiento de los populismos democráticos en diversas partes del mundo.
Claramente de izquierdas, aunque haciendo que personajes de todos los ámbitos políticos parezcan malos, la película es difícil de digerir y su humor no es lo suficientemente catártico para compensar.
Es un cine de autor de terror extremadamente satisfactorio que aborda de manera efectiva las experiencias de trauma generacional. Su estilo lleva la marca distintiva de uno de sus productores, Guillermo del Toro.