Un caos alegremente estridente que pierde el rumbo después de un desarrollo lento y que ofrecerá pocas sorpresas tanto para los adeptos de Lovecraft como para los fans del cine cutre.
Aunque a veces está peligrosamente cerca de autosabotearse, esta cuerda floja de géneros es una obra ferozmente individual, extremadamente inteligente.
Mathias logra crear imágenes potentes y perturbadoras, pero la narrativa carece de originalidad para justificar el ambiente opresivamente sombrío que se presenta.
Una historia de amor de ciencia ficción ambientada en un mundo que brilla visualmente hasta una perfección evocadora, pero en el que la premisa central suena repetitiva y falta de originalidad.
Es convincente y sólida con un trasfondo filosófico reflexivo y un perspicaz estudio de personajes. Una dirección bien llevada a cabo y una buena interpretación central de Juan Minujín.
Dura tres horas y media, pero no hay un sólo momento desperdiciado. Cualquiera que enseñe, o haya enseñado alguna vez, encontrará algo con lo que deleitarse en esta historia seria, pero discretamente festiva.
Mark Rylance brilla en esta pesada adaptación. Sin embargo, le falta la resonancia metafórica, la poesía de momentos selectos y la profundidad política que caracteriza a la obra de Coetzee.
Aunque el análisis político de la película está, sin duda, bien enfocado, la narrativa avanza con cierta torpeza, lo que limita su impacto. El reparto, por su parte, ofrece un desempeño ágil y contundente. Hay numerosos elementos que resultan gratificantes.
Esta sátira sobre los medios, la alienación emocional y - ¿es necesario decirlo? el estado de la nación transmite su mensaje rápida y forzadamente, antes de repetirlo una y otra vez, con diferentes modulaciones, durante dos horas.
Una comedia doméstica –en realidad, anti-comedia romántica– con interpretaciones animadas y un mensaje feminista claro. Agradará a la gente de mediana edad.
Es una comedia refrescante, enérgica y muy compacta (71 minutos), y la más divertida de la directora cuya seriedad conceptual ha resultado habitualmente abrumadora.
Una obra sumamente inteligente y bien interpretada que, a pesar de su enfoque cerebral, resulta emocionalmente rica. Binoche se muestra en su versión más relajada, evitando ser graciosa de manera constante.
Un alargado episodio de sitcom con toques surrealistas poco sutiles. Es una película meramente banal que no aprovecha las fortalezas de Moll. Esperamos que en el futuro explore temas más atrevidos.