En espíritu, aunque no literalmente, recuerda a menudo al descarnado cine criminal de la Warner de los años 30 y mantuvo mi interés a pesar de sus excesos.
El estilo es tan ecléctico que a algunos puede costarles acostumbrarse, pero Van Sant, trabajando sobre su propia historia por primera vez, da tal enfoque lírico a sus personajes y a su poesía que casi todo funciona.
Es la única película de Cassavetes que carece de un guion completo y, en contadas ocasiones, se ha visto tanta calidez, delicadeza y emoción auténtica en las interpretaciones dentro del cine americano.
Las composiciones son impresionantes, las evocaciones de la muerte y la transformación social son poderosas y el erotismo muy potente. Sin duda alguna, una de las mejores películas soviéticas.
Obra maestra. La dirección de Sternberg se sitúa justo detrás de 'The Docks of New York', posicionando esta película como su segunda mejor obra en el cine mudo.
Esta extraordinaria obra de artesanía y destreza integra sus deslumbrantes efectos especiales de manera tan fluida que son indistinguibles de la narración, la poesía y, sobre todo, la metafísica de la película.