La dirección de Lumet y el guion irregular de Mamet quizás no logran justificar la fotografía al estilo Rembrandt de Edward Pisoni y sus aires de grandeza; sin embargo, la dirección sigue siendo notable.
Gus Van Sant mencionó que se inspiró en Bela Tarr, James Benning, Andrei Tarkovsky, Jacques Tati y Chantal Akerman, entre otros. Sin embargo, su obra no alcanza el mismo nivel.
La brillantez del film reside en su ambivalencia dialéctica: uno percibe que Chabrol tiene afecto por los Lelievre, pero que también entiende profundamente el odio homicida de Sophie y Jeanne.
Como película infantil, tiene un gran sentido de la magia y transmite una profunda emotividad, superando a muchas de las producciones habituales de Disney.
Se centra en una historia de amor imposible y la idea de la película es provocar que lo siga siendo por todos los medios. Te permite pasar un rato entretenido y ofrece algunos escalofríos por el camino.
La obra de Uhry es un vehículo sentimental para los actores, tan teatral que resulta difícil trasladarla al formato cinematográfico. No obstante, los tres intérpretes logran aprovechar al máximo el material.
Desafortunadamente, sus curiosos conceptos resultan poco plausibles incluso a nivel de fantasía y la mayoría de sus posibilidades satíricas son o bien esquivadas o bien revueltas.