Una historia de amor y supervivencia que resulta accesible, protagonizada por dos grandes actores en un escenario nevado, lo que les permite lucirse en sus actuaciones.
Un ingenioso neo-noir en el que destacan dos personajes carismáticos. La trama avanza de forma fluida, aunque algo pausada, en un viaje por carretera compartido, repleto de impactantes escenas.
Se puede acusar a Dumont de muchas cosas, entre ellas de poner a prueba la paciencia del espectador, pero al menos aún no se ha vendido y se ha pasado al lado oscuro.
Una historia religiosa bien elaborada que no siempre resulta convincente. El filme engancha al principio, pero su inicio se extiende demasiado y pierde fuerza en su conclusión.
Cassel logra aportar un gran vigor a una película que resulta ser apasionante en ciertos momentos. Sin embargo, la trama en ocasiones se torna excesiva, lo que la convierte en un reto para el espectador.
A pesar de su humor negro y la vibrante estética de thriller, la película se ve afectada por un exceso de diálogos triviales, escenas explícitas y un gore que se siente forzado, lo que limita la profundidad de la crítica social de Sono a una mera superficialidad.
Aunque la dirección carece de inspiración, se muestra competente al desarrollar la historia mediante planos bien controlados que permiten que Scott Thomas y Sagnier brillen en la pantalla.