Es la más gozosamente bondiana de todas, combinando de manera admirable un alto grado de suspense y un humor paródico. Es una grandísima fiesta para los amantes de Hunt.
El humor y la camaradería presente en la película son innegables. Se combina tanto el buen cine como elementos de entretenimiento ligero, pero lo verdaderamente notable es el espíritu vibrante y festivo que se siente a lo largo de toda la obra.
La película se siente como si hubiera sido creada de manera apresurada, sin cuidado en el guion ni en la dirección. Todo parece haber sido hecho con prisa para coincidir con el vigésimo quinto aniversario de la saga, que ya muestra signos de desgaste.
Acción desconectada. Esta segunda entrega de la trilogía literaria resulta larga, pesada y sin sentido. Aunque cuenta con un diseño lujoso, le falta una dirección clara.
Indescriptiblemente pésima secuela. A diferencia de otras franquicias donde la distancia irónica ayuda, aquí todo intenta ser serio, lo que la convierte en una experiencia muy decepcionante.
Es una explosión de energía y movimiento a lo largo de más de dos horas y media comparable a la precedente 'Fallout'. Hasta el año que viene, Mr. Hunt, aquí estaremos esperándole con sumo gusto.
El humor se apodera de las escenas más memorables. El espectáculo se mantiene constante, fiel al estilo de Emmerich, aunque falta originalidad que perdure en la memoria.
Un grato reencuentro con el icónico imaginario burtoniano. Luego viene la meditación. Hay aquí fogonazos de aquel gigante, pero escasas muestras de la poesía prodigiosa que lo acompañaba.
Una película clara y pura, que descompone las emociones más profundas del creador, mostrándolas a través de la pantalla como un espejo que refleja sus vivencias.
Es una comedia bien salpimentada. Los tres zoquetes protagonistas sostienen el edificio cómico con chispa, frases jocosas, situaciones divertidas y un humor fresco y sano que nunca cae en la vulgaridad.
Thriller inquietante y perturbador en la estela de 'Seven' y 'Zodiac', obra el milagro de no desfallecer en ningún momento a lo largo de su extensa duración.
La extensión temporal es esencial para adentrarnos en un maravilloso laberinto de personajes y narrativas creado por un guion excepcional, lo que la convierte en una película singular y sin par.