De lujosas texturas y amplios movimientos de cámara. Las profundas debilidades de la película se manifiestan cuando los personajes bailan, sujetos a movimientos que apenas evoca la grácil ingravidez de los cuerpos en la danza.
Parece el capítulo perdido de un serial del que nos hemos saltado varias entregas. Lo mejor: los matices que Affleck y Eisenberg aportan a sus arquetipos. Lo peor: no hay manera de conectar con tanto barullo.
Decepciona que nada vaya más allá de su enunciación y que se desaproveche el potencial del género. El tono funciona, pero la película tiene más ruido que verdadera sustancia.
La cámara envuelve a los dos interlocutores con elegantes movimientos circulares, mientras los armónicos juegos de montaje ilustran la notable generosidad de Wenders en el difícil arte de presentar una obra ajena de la mejor manera posible.
Osborne ha firmado un trabajo que respeta sus fuentes, sin embargo, en el clímax final se vuelve evidente que la película comienza a perder su identidad.
Excelencia hecha a mano. Demuestra que el humor blanquísimo aún posee capacidad de sorpresa y alcanza una excelencia en el tempo del gag digna de los clásicos de la comedia silente.
Es complicado concebir una versión superior, aunque esta obra es una ficción audiovisual diseñada específicamente para aquellos que acuden a las salas de cine a verificar, más que a descubrir.
El clímax final es un afortunado recital de esa inyección de ingenio y originalidad que empezaba a necesitar el género. 'Ant-Man' no se atreve a pulsar a fondo el acelerador de la comedia.
Merecería contarse entre las mejores películas animadas del año. Es una hermosa, seductora y muy meticulosa transubstanciación en pantalla de una de las obras más inmortales y universales de la historieta del siglo XX.
No estamos ante la ambición del mejor Pixar, pero sí ante una manera de entender la comedia animada que suministra placer a granel y que transforma hora y media de metraje en gozoso suspiro.
La trama no destaca por su originalidad, sin embargo, el tono, que se asemeja a la buena ficción juvenil centrada en las relaciones y el desarrollo de personajes, establece una diferencia notable. Además, la presentación de la historia sigue sorprendiendo a lo largo de la narrativa.
Un ‘brickfilm’ catedralicio. Tiene su mayor virtud en lograr ser, en efecto, más una película que un spot. Inserta el anárquico espíritu de juego infantil con piezas heterogéneas al estilo de “Pánico en la granja” (2009) dentro de la retórica hiperbólica del blockbuster.
La impresión que predomina es la de estar frente a un episodio de relleno en la serie cinematográfica más grandiosa de la historia. Aunque hay competencia y un sentido del espectáculo, carece de identidad y de ese toque excéntrico.