La trama no destaca por su originalidad, sin embargo, el tono, que se asemeja a la buena ficción juvenil centrada en las relaciones y el desarrollo de personajes, establece una diferencia notable. Además, la presentación de la historia sigue sorprendiendo a lo largo de la narrativa.
Un ‘brickfilm’ catedralicio. Tiene su mayor virtud en lograr ser, en efecto, más una película que un spot. Inserta el anárquico espíritu de juego infantil con piezas heterogéneas al estilo de “Pánico en la granja” (2009) dentro de la retórica hiperbólica del blockbuster.
La impresión que predomina es la de estar frente a un episodio de relleno en la serie cinematográfica más grandiosa de la historia. Aunque hay competencia y un sentido del espectáculo, carece de identidad y de ese toque excéntrico.
Dentro del presente fenómeno de reescrituras contemporáneas de los cuentos de hadas, 'Maléfica' se destaca como una obra que se atreve a dar pasos más radicales. Se presenta un discurso estimulante.
Las aventuras de Peabody y Sherman ni subestima al espectador infantil, ni habla en doble sentido para seducir al adulto. Por el contrario, permite que todo el mundo participe de su irresistible fiesta.
Se olvida del universo humano para explotar a fondo el carisma de los mejores personajes de la saga y proponer nuevas incorporaciones marcadas por el ingenio y la expresividad desbordante.
La factura final no es creativa, pero sí competente; destacan algunos secundarios y el clímax remata con dignidad una propuesta que no aspira a la excelencia sino a llenar un hueco estival.
Gareth Edwards rehace la película según su visión, ofreciendo un superespectáculo personal que eleva la gramática del kaiju-eiga a un nuevo nivel de poesía melancólica.
La película logra su objetivo de reinventar la mitología para la era del blockbuster saturado; sin embargo, quienes no sientan afinidad por el material original solo podrán aferrarse a una brillante escena de acción.
Los problemas de la primera entrega se acentúan en la segunda, donde todas las escenas parecen seguir la mecánica desesperante de un tutorial de videojuego o de una animática destinada a una futura atracción de parque temático.
Bien podría ser la película más sencilla o la menos ambiciosa de Pixar. Todo está en su lugar y el resultado es efectivo: Monstruos University cumple, pero no logra sorprender ni asombrar.
Una lección magistral de traición creativa que, he aquí lo importante, se convierte, también, en una gran película y un espectacular acto de autoafirmación.
Apocalipsis con estilo. Revela una inteligencia en pleno -y afortunado- funcionamiento. No es un conjunto cohesionado, pero sí una sucesión de grandes momentos. Forster da un recital de versatilidad desde la hipérbole a la sutileza.