No hay un punto de partida chocante que se rebaje, sino la inesperada osadía de llegar hasta las últimas consecuencias, tanto en su humor esquinado y heterodoxo como en su base sentimental, profundamente humana y conmovedora.
Cinismo pasado de fecha. Es una lección magistral sobre las inconveniencias de recurrir a un modelo de historia, tan gastado por el uso y el abuso, que llega veinte años tarde.
Ofrece toda una lección magistral regida por un humor que se modula en inesperadas formas de incomodidad. Compuesta íntegramente por secuencias inolvidables.
Baird no ha tenido más opción que traicionar sus fuentes y nadar entre imágenes caóticas. Sin embargo, su estrategia sorprendentemente no fracasa y presenta sorpresas tan agradables como el personaje secundario interpretado por el notable Eddie Marsan.
En el conciso metraje hay oro cómico de muchos kilates, sin embargo, en conjunto, la propuesta se presenta como carente de mordiente y demasiado propensa a elegir objetivos fáciles.
Si esta película perdurará más allá de su enorme eficacia es por su sofisticada estrategia alrededor del icónico Raphael, cómplice en el juego de desdoblarse en su gemelo oscuro. Lástima que, a ratos, la vulgaridad del microcosmos retratado afecte a las formas.
Cuento de fantasmas que también actúa como una sátira incisiva, un melodrama distorsionado y un relato trágico. Cronenberg parece disfrutar como nunca en esta etapa de madurez, que se caracteriza por su precisión y claridad.
Jonás Trueba no ha realizado una película convencional; ha emprendido una búsqueda y lo que ha descubierto es significativo. Lo que el espectador observa en la pantalla es una cuidada articulación de esos elementos dispersos que funcionan como un mecano para alcanzar la utopía.
Funciona como ilustración, en clave de espectáculo para multisalas una comedia negra que se queda varios palmos por debajo de los modelos de Tarantino y Martin McDonagh.
Una trama que Amodeo dispersa con asombroso control de tiempos y tonos. (...) un conjunto al que solo se le puede reprochar la fragilidad que sostiene alguno de sus equívocos. (...) una comedia enérgica y carismática.
Un thriller postarantiniano que cuenta con las actuaciones memorables de Christopher Walken, Tom Waits y Harry Dean Stanton. La película inmortaliza momentos en un entorno inusual, donde el humor negro, el dolor existencial, la melancolía y la fusión de géneros se combinan de manera efectiva.
Baron Cohen, camino de ser el mejor heredero de Peter Sellers, vuelve a usar el prejuicio cultural como fundamento de un humor afiladísimo que atenta contra totalitarismos anacrónicos.
La acusada voluntad de diferencia de 'El muerto y ser feliz' no tiene nada que ver con gestos de arrogancia sino con la voluntad de compartir un juego. Rebollo invita al público a participar en él (...) grandioso José Sacristán