Bien podría ser la película de héroes enmascarados más hipertrófica de la historia. Hay secuencias poderosas, Ledger borda una auténtica creación con el personaje del Joker, pero a Nolan le pierden las grandes palabras y la obsesión por inflamar el sustrato filosófico del asunto.
'Miss Bala' muestra a un director que maneja con maestría sus habilidades artísticas, aunque su crítica a la corrupción institucional resulta ser demasiado superficial y evidente.
Todo suena a una fórmula repetida en esta película que parece creada únicamente para ofrecer un placer superficial, y que seguramente será olvidada o confundida con otros títulos del catálogo de Besson una vez que salgas de la sala.
Posee un carisma cuestionable, comenzando con un prólogo intenso que se desvanece en un desarrollo central algo agotador, hasta que finalmente se presenta un ritual de continuidad que podría ser más impactante.
Modélica adaptación a la gran pantalla, este filme infantil se presenta con un rigor y un respeto hacia el espectador que se espera de una producción realmente madura.
Todos los ingredientes tradicionales están aquí, puestos al servicio de una historia que juega a la hipérbole e introduce nuevos focos de tensión sentimental, sin esconder que, en el fondo, todo esto va de sexo sublimado.
En cada faceta de su obra, se revela el talento de un director audaz que siempre busca sorprender a su audiencia. Solo el tiempo podrá determinar si es considerada una obra maestra, pero 'Érase una vez en Anatolia' claramente da muestra de ello.
Szumowska continúa refinando su mirada crítica a través de soluciones estilísticas efectivas. La manera en que los contraplanos postergados aportan nuevos y sorprendentes significados a los planos que los anteceden electrifica la pantalla en momentos claves.
Ofrece toda una lección magistral regida por un humor que se modula en inesperadas formas de incomodidad. Compuesta íntegramente por secuencias inolvidables.
Una trama que Amodeo dispersa con asombroso control de tiempos y tonos. (...) un conjunto al que solo se le puede reprochar la fragilidad que sostiene alguno de sus equívocos. (...) una comedia enérgica y carismática.
Un cine de multisalas con personalidad y cierta impronta autoral, aunque sea a partir de referentes de segunda o tercera mano, logra algo importante: cumplir, dar (por lo menos) lo que promete.
Para amantes de la comedia refinadamente kamikaze, esta obra logra su mayor éxito al equilibrar el sentido trágico de las peripecias de sus protagonistas yihadistas.
Un planteamiento cercano al poshumor que lleva los hallazgos visionarios de Tati a un territorio donde la risa parece haber sido encerrada en la nevera de un forense. En 'Louise-Michel' humor y compromiso son dos formas de una misma lucha.