La película presenta una atmósfera cautivadora, aunque termina por sentirse como un producto excesivamente diseñado para los aficionados al cine de culto.
Es, en esencia, una reinterpretación de 'El justiciero de la ciudad', donde Kevin Bacon toma el complicado papel de Charles Bronson, presentado en una atmósfera oscura y televisiva.
Demasiado aparatosa, esta entrega opta por una mayor espectacularidad en comparación con la anterior, abordando los dilemas amorosos de sus protagonistas con delicadeza y sin exageraciones.
El resultado final es distante y demuestra cómo un proyecto impulsado por la pasión puede deteriorarse hasta transformarse en una mera obligación contractual.
Todos los ingredientes tradicionales están aquí, puestos al servicio de una historia que juega a la hipérbole e introduce nuevos focos de tensión sentimental, sin esconder que, en el fondo, todo esto va de sexo sublimado.
El nuevo 'Oldboy' carece de estilo y de una trama significativa, su actuación se siente hueca y no logra generar un sentido de surrealismo, resultando en una experiencia cinematográfica que no ofrece más que su propia falta de propósito.
Prefiere optar por la seguridad con una pareja que ya ha demostrado su química. Sin embargo, resulta decepcionante verles en una película que se siente repetitiva y familiar. No será necesario un neuralizador para pasar página.
Raimi parece haber perdido su toque. Esta superproducción queda a la espera de críticas y se presenta como un apresurado cierre. Además, aborda de manera ingenua la ambigüedad moral que rodea al superhéroe.
No hay espacio ni, por fortuna, tiempo más que para el perpetuo dinamismo y la chorrada autocombustible. El producto no da gato por liebre, pero, por supuesto, no deja mella.
Raimi se mantiene en la misma línea de su trabajo en el primer Spider-Man, cumpliendo con lo esperado de manera eficaz. Presenta escenas impactantes, pero carece de sorpresas, misterio y, lo que es más grave, de una verdadera identidad.
La película de Zhangke tiene un gran potencial para conectarse con un público más amplio fuera del cine de autor. Es una obra sobresaliente y clara en su narrativa.
Una miniatura cargada de ecos, capas referenciales y significados dispuestos a ser liberados. capaz de formular preguntas incómodas sobre el destino de las ideologías.
La primera película de Nixey puede parecer algo repetitiva, pero su fuerza como relato de terror es realmente impactante, complementada por un estilo visual exquisito. Está muy por encima de las típicas producciones de terror.
En los primeros minutos, la falta de interés se siente casi automática. Buckley transmite más autenticidad que la película que lo rodea, aunque de esta se pueden rescatar dos ideas musicales bastante interesantes.
Un sofisticado y excéntrico artilugio tragicómico donde lo ridículo se encuentra con lo grave, llevando al espectador a una road movie surrealista que resalta y descompone la esencia de la excentricidad en las carreteras secundarias de Estados Unidos.
Vampiriza imaginería de cine de bajo presupuesto y diálogos de novela sensacionalista para construir un relato moralista y simplista sobre la purificación. Black Snake Moan resulta confusa y mal calculada, aunque es divertidamente inesperada.
Un impresionante desglose hipnótico del clásico género del atraco perfecto. Un juego de inteligentes ilusiones que atrae al espectador mientras avanza con fuerza hacia su conclusión, pero que no aguanta más de un par de minutos de análisis crítico.